La filosofía del lenguaje en el siglo XX

ludwinwittgenstein

Para hablar de las teorías de John L. Austin, empezaremos por delinear de forma breve algunas cuestiones importantes sobre la filosofía del lenguaje en el siglo XX.

Una parte muy significativa de la Filosofía del pasado siglo XX tuvo un fuerte componente lingüístico. Las dos grandes líneas de investigación fueron: el neopositivismo y la tendencia a estudiar el lenguaje como uso.

El neopositivismo

La característica básica de los filósofos neopositivistas es que intentaban que no interfirieran los valores semánticos en la investigación filosófica. Defendían un cientificismo basado en el empirismo de Hume como reacción a los planteamientos excesivamente metafísicos a los que estaba acostumbrada la filosofía de su época. Privando al lenguaje de los valores semánticos, intentaban reducir el lenguaje a su estructura lógica, que lo hacía más fácil de analizar desde un punto de vista lógico-matemático.

Los grandes precursores del Neopositivismo fueron Whitehead, Bertrand Russell y el Wittgenstein del Tractatus. En esta corriente neopositivista, podemos englobar a los integrantes del Círculo de Viena (Rudolf Carnap, Otto Neurath, Hans Hahn) y a los del Círculo de Berlín (Hans Reichenbach, Kurt Grelling, etc.).

El tránsito de Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein ha sido considerado como el motor de toda la filosofía del lenguaje del siglo XX en sus dos líneas principales, con una etapa de transición.

  • El “primer Wittgenstein” (Tractatus Logico-Philosophicus) afirmaba que el lenguaje ordinario era imperfecto para fines filosóficos, y propugnaba que fuera sustituido por otro perfecto (la lógica).
  • Su pensamiento irá inclinándose paulatinamente hacia el uso del lenguaje. Los Cuadernos azul y marrón supusieron una época de transición, donde surge su teoría de los “juegos del lenguaje”. Wittgenstein hace hincapié en que una palabra no adquiere una significación plena si no se tiene en cuenta su uso en un contexto.
  • El “segundo Wittgenstein” (Investigaciones filosóficas) defenderá que el auténtico valor del lenguaje se produce en su uso.

El lenguaje como uso

 

Está escrito: «En el principio era el Verbo«. Heme ya parado. ¿Quién me ayudará a proseguir? No; no debo dar tanta importancia al Verbo. Debo traducirlo de otra manera si me ayuda la inspiración. Está escrito: «En el principio era el Espíritu.» Reflexiona bien sobre esta primera línea y no dejes correr la pluma con precipitación. ¿Es el espíritu el que ha creado y el que lo ha puesto en orden todo? Debiera decir: «En el principio era la Fuerza.» Y, no obstante, algo me está diciendo interiormente que no debo darle esta interpretación. Por fin me siento iluminado y comienzo a ver con claridad; escribo resueltamente: «En el principio era la Acción

(Johann Wolfgang Goethe: Fausto)

Los dos grandes promotores de la noción del lenguaje como uso fueron Ludwig Wittgenstein, al que acabamos de ver, y John L. Austin, perteneciente a la “Escuela de Oxford”.

Si afirmamos que el valor auténtico del lenguaje es el uso que hacemos de él, estamos subordinando la semántica y la sintaxis a un elemento que está por encima de ellos: la pragmática.

Podemos resumir así las principales tesis de la teoría del lenguaje ordinario (o corriente):

  • Tratar los problemas filosóficos evitando la jerga especializada mediante un lenguaje comprensible.
  • Liberar a la filosofía de problemas artificiales planteados por sacar fuera de su uso y contexto al lenguaje ordinario.
  • No buscar en la filosofía los cálculos, sino poner en claro conceptos que ya poseen las palabras en su empleo normal.
  • Comprobar que el lenguaje ordinario atesora la experiencia secular de la humanidad.
  • Partir del lenguaje ordinario antes de utilizar el lenguaje técnico, ya que es aquel y no este el que es capaz auténticamente de solucionar los problemas.

Los enunciados interrogativos desde una perspectiva pragmática

Este apartado se ha mejorado aportando más información contextual y se han añadido más ejemplos el 8 de febrero de 2026. Para citas y referencias, ha de emplearse esta fecha.

“Los valores que adquieren las interrogativas en el discurso son consecuencia de la intención del emisor y de las condiciones que rodeen su emisión. Por ello, no resulta adecuado ni pretender derivarlas de la forma misma de la oración, ni intentar reducirlas a una serie de respuestas.” (M. V. Escandell, 2013)

Los enunciados interrogativos y sus perspectivas polifacéticas

Desde una perspectiva semántica, las oraciones interrogativas funcionan como estructuras proposicionales que contienen al menos una incógnita o variable: en las preguntas generales (o totales), la entonación ascendente señala la incertidumbre sobre la polaridad (afirmativa/negativa) de la proposición; en las preguntas parciales, un pronombre o adverbio interrogativo sustituye a uno de los elementos del predicado (Escandell, 1999).

Sin embargo, la perspectiva semántica resulta insuficiente para explicar la enorme variedad de usos que las interrogativas presentan en la comunicación real. Desde la pragmática, comprobamos que la interrogación es un acto de habla polifacético (tal y como sostuvo Haverkate en 2006) cuya fuerza ilocutiva puede ir mucho más allá de la simple búsqueda de información.

La concepción de los enunciados interrogativos según Victoria Escandell

Seguiremos aquí la conceptualización de Victoria Escandell para la configuración pragmática de los enunciados interrogativos y añadiremos también algunas observaciones de Hank Haverkate.

Escandell plantea que esta variedad de valores discursivos de los enunciados interrogativos puede organizarse a partir de dos tipos básicos de objetivos discursivos:

Tipo de objetivoDomina la vertiente…Función principal
TransaccionalInformativaTransmitir contenido: obtener, confirmar o contrastar información
InteraccionalSocialGestionar las relaciones interpersonales: cortesía, solidaridad, empatía

Enunciados transaccionales

Enunciados transaccionales

En el funcionamiento de los mecanismos pragmáticos resulta esencial tener en cuenta los conocimientos y creencias de los participantes: lo que cada uno sabe, lo que supone que sabe el otro y, especialmente, la asimetría —o simetría— entre ambos estados cognoscitivos. Cuando el emisor percibe una diferencia notable entre su propio conocimiento y el que atribuye a su interlocutor, la interrogación ha de interpretarse como una variable informativa, cuyo fin es igualar o nivelar esa diferencia epistémica.

Escandell (2013) distingue varios grados dentro de este eje transaccional, según el estado de conocimiento del emisor:

1.1. Desconocimiento del emisor (el destinatario sabe más)

El emisor parte de la suposición de que el destinatario posee un conocimiento mayor que el suyo y, por tanto, puede proporcionar la información que le falta:

  • ¿Está lloviendo? → El emisor ignora el estado del tiempo y presupone que su interlocutor, que quizá está junto a la ventana, sí lo sabe.
  • ¿A qué hora sale el tren a Madrid? → El emisor necesita un dato que atribuye al conocimiento de su destinatario (un empleado de estación, por ejemplo).
  • ¿Dónde has dejado las llaves del coche? → El emisor presupone que solo el destinatario puede resolver la incógnita.

Son las llamadas preguntas prototípicas o preguntas informativas genuinas: existe una verdadera laguna de conocimiento que el emisor desea llenar.

1.2. Interrogación orientada (el emisor tiene una hipótesis)

Si el desconocimiento del emisor no es absoluto, sino que alberga ya una hipótesis o suposición, se produce una interrogación orientada: el emisor busca que el receptor confirme (o desmienta) lo que ya sospecha.

  • ¿Qué te pasa?, ¿estás cansado? → El emisor observa indicios (ojeras, bostezos) y formula su hipótesis para que el otro la valide.
  • ¿Ha sido Juan el que ha llamado antes? → El emisor intuye la respuesta pero necesita confirmación.
  • No habrás olvidado la reunión de las cinco, ¿verdad? → La estructura negativa con coletilla orienta fuertemente hacia la respuesta esperada.

En español, los apéndices confirmatorios (¿verdad?¿no?¿a que sí?) son recursos habituales para señalar la orientación de la pregunta (Escandell, 1999). Compárese:

EnunciadoGrado de orientación
¿Vendrás esta noche al cine?Pregunta neutra, abierta
¿Vendrás esta noche al cine, verdad?Orientada hacia la respuesta afirmativa
¿No vendrás esta noche al cine, verdad?Orientada con estructura negativa: sugiere temor de respuesta negativa
¿Vendrás esta noche al cine o no?Disyuntiva explícita: enfatiza la alternativa

1.3. Conocimiento superior del emisor

En otros casos, el emisor puede considerar que su conocimiento es más fuerte que el del receptor. Aquí la interrogación no busca obtener información nueva, sino hacer reflexionar al destinatario o guiarlo hacia una determinada conclusión:

  • ¿No crees que ha jugado sucio con nosotros? → El emisor ya tiene una opinión formada y pretende que el receptor llegue a la misma conclusión.
  • ¿No te parece que deberíamos empezar por el capítulo tres? → El emisor tiene una preferencia clara y la presenta en forma de consulta para no imponerla directamente.
  • ¿De verdad piensas que eso es una buena idea? → El emisor cuestiona la postura del interlocutor invitándole a reconsiderarla.

1.4. Conocimiento máximo del emisor (preguntas de examen)

Por último, existen casos en los que el conocimiento del emisor es máximo y la pregunta no tiene por objeto obtener información, sino evaluar la que posee el destinatario:

  • ¿En qué año se descubrió América? (en un examen escolar)
  • ¿Cuál es la capital de Bután? (en un concurso de televisión)
  • ¿Cómo se calcula la integral de una función polinómica? (en una evaluación oral)

Se trata de las llamadas preguntas de examen o preguntas evaluativas: el emisor conoce la respuesta y su objetivo discursivo es comprobar si el destinatario también la conoce. El reparto de conocimiento está invertido respecto a la pregunta informativa prototípica.

Esquema resumen de los enunciados transaccionales

Nivel de conocimiento del emisorTipo de interrogaciónEjemplo
Desconocimiento totalPregunta informativa genuina¿Qué temperatura hace fuera?
Hipótesis parcialInterrogación orientada¿Estás enfadado conmigo?
Conocimiento superiorInterrogación inductiva¿No crees que deberías disculparte?
Conocimiento máximoPregunta de examen¿Cuál es el teorema de Pitágoras?

Enunciados interaccionales

Enunciados interaccionales

Cuando el objetivo prioritario del emisor no es intercambiar información sino gestionar la relación social con su interlocutor, entramos en el terreno de los enunciados interaccionales. En estos casos, los conocimientos de emisor y receptor pueden perfectamente coincidir: no se supone una asimetría epistémica, puesto que la finalidad no es transmitir información, sino interactuar comunicativamente.

Las estrategias de cortesía —tal como las describen Brown y Levinson (1987) y, para el español, Haverkate (1994) y Escandell (1995, 2013)— desempeñan un papel central aquí. Los enunciados interrogativos se ponen al servicio de la imagen pública (face) del interlocutor, orientándose hacia su faceta positiva o hacia su faceta negativa.

2.1. Cortesía positiva

La cortesía positiva busca reforzar la solidaridad, mostrar cercanía, subrayar la pertenencia al mismo grupo o manifestar interés por el otro. Los enunciados interrogativos pueden contribuir a este objetivo de varias maneras:

a) Interrogaciones de tipo argumentativo

  • ¿Hasta cuándo van a durar las injusticias del mundo?
  • ¿Quién puede negar que el cambio climático es un problema real?
  • ¿Acaso no estamos todos hartos de tanta burocracia?

El desconocimiento del emisor se corresponde con un desconocimiento análogo del destinatario. Su uso es argumentativo: fomentan la cortesía positiva porque enfatizan la semejanza de conocimientos (y de sentimientos) entre emisor y destinatario. Emisor y receptor se sitúan en el mismo bando, lo que refuerza la solidaridad grupal. Haverkate (2006) las asocia con una función de intensificación de la fuerza asertiva del hablante.

b) Interrogaciones fáticas (de contacto social)

  • ¡Hola! ¿Has vuelto ya?
  • ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal te va todo?
  • Oye, ¿qué tal el fin de semana?

Son preguntas en las que el emisor no ignora necesariamente la respuesta, o bien la respuesta resulta secundaria. Lo importante es el gesto comunicativo en sí mismo: mostrar un interés evidente por lo relacionado con el destinatario. Se trata de una función cercana a la comunión fática , en la que el lenguaje actúa como creador y mantenedor de vínculos sociales, más allá de la transmisión de información.

c) Secuencias empáticas de preguntas

Haverkate (2006) documentaba un fenómeno interesante en español: las secuencias de preguntas empáticas, en las que una pregunta general se complementa con otra más específica que facilita al interlocutor la elaboración de su respuesta:

  • ¿Cuál es tu historia lingüística? ¿Hablabas siempre catalán en casa?
  • ¿Tienes alguna conciencia de formar parte de una generación de autores? ¿De pertenecer a un grupo de personas que estuvieron en la misma universidad?

La segunda pregunta especifica y concreta la primera, lo que manifiesta cortesía positiva (interés por el interlocutor) y cortesía negativa (se le facilita la tarea de responder proporcionándole un marco más delimitado).

2.2. Cortesía negativa

La cortesía negativa se orienta a mitigar la imposición que el emisor pudiera ejercer sobre el destinatario, sea relativa a una acción o a una opinión. Con estas estrategias, el emisor intenta demostrar que no está tratando de coaccionar al interlocutor ni de limitar su libertad de acción.

El uso de una estructura interrogativa resulta un recurso especialmente eficaz para estos fines: el carácter abierto de la pregunta genera la implicatura de que el destinatario tiene opciones (puede acceder a lo que se le plantea… o no). Es lo que Lakoff (1973) formuló con su máxima de cortesía «Give options» (Ofrece opciones).

Los distintos valores de las interrogativas al servicio de la cortesía negativa pueden ordenarse en una escala de riesgo en función de la amenaza potencial para la imagen del interlocutor:

a) Acciones del emisor (menor riesgo para el destinatario)

EnunciadoTipo de actoGrado de riesgoExplicación
¿Tengo que tirar ya?Petición de instrucciónBajoEmisor y receptor colaboran en un proyecto común (un juego de cartas, por ejemplo). El emisor solicita orientación.
¿Puedo sentarme aquí?Petición de permisoMedioLa acción del emisor puede afectar al interlocutor. Se solicita autorización antes de actuar.
¿Te importa si abro la ventana?Petición de permiso atenuadaMedio-altoSe añade una pregunta sobre la posible molestia, lo que incrementa la mitigación.

b) Acciones del destinatario (mayor riesgo potencial)

EnunciadoTipo de actoGrado de riesgoExplicación
¿Te apetece un café?OfrecimientoMínimoLa acción propuesta beneficia al destinatario. Rechazar no supone mayor coste social.
¿Te tomas una cerveza con nosotros?InvitaciónBajoSe extiende una invitación que el destinatario puede aceptar o declinar.
¿Por qué no lo pintas de blanco?SugerenciaMedioSe propone una alternativa. La forma interrogativa con por qué no atenúa la fuerza directiva, aunque se infiere una preferencia del emisor.
¿Podrías echarme una mano con la mudanza?PeticiónAltoSe pide al destinatario un esfuerzo que le supone un coste. El condicional podrías y la estructura interrogativa mitigan la imposición.
¿Me podrías prestar 50 euros?Petición comprometidaMuy altoLa petición económica es inherentemente amenazante. Se acumulan recursos de atenuación (condicional + interrogativa).
¿Te importaría revisar este informe antes del viernes?Petición formalMuy altoSe emplea el condicional con un verbo valorativo (importar) y la estructura interrogativa para maximizar la cortesía.

Principio general: Cuanto mayor es el riesgo de amenaza para la imagen del interlocutor, más recursos de atenuación tiende a acumular el emisor: forma interrogativa + condicional + verbos modales + fórmulas de cortesía (por favorsi no es molestiasi no te importa…).

c) Mitigación de opiniones

En lo que se refiere a las opiniones, la estrategia de cortesía negativa sirve para «enmascarar» la imposición. La estructura abierta de la interrogación mitiga el riesgo de amenazar la imagen del interlocutor al expresar un punto de vista:

  • ¿No te parece que sería mejor dejarlo para mañana? (en lugar del más directo: Deberíamos dejarlo para mañana)
  • ¿No crees que la propuesta tiene algunos puntos débiles? (en lugar de: La propuesta tiene puntos débiles)
  • ¿Sería posible enfocar el asunto de otra manera? (en lugar de: Hay que enfocar esto de otra forma)

El hablante presenta su opinión en forma de consulta, preservando así la apariencia de que el destinatario puede disentir libremente.

Los enunciados interrogativos y la comunicación intercultural

Un aspecto crucial que señalan tanto Escandell (1995) como Shively (2026) y Haverkate (1994) es que los patrones de cortesía interrogativa varían entre culturas. Lo que resulta cortés en una cultura puede percibirse como inadecuado o extraño en otra:

  • En español, las peticiones directas en contextos de servicio (Ponme un caféDame una barra de pan) son formas habituales y no se perciben como descorteses, mientras que en inglés o en otras lenguas la forma interrogativa indirecta (Could I have a coffee?) es más esperable.
  • La insistencia al formular una invitación (Venga, anda, quédate a cenar) se interpreta como signo de sinceridad en muchas comunidades hispanohablantes, pero puede resultar impositiva en otras culturas.
  • El uso de preguntas personales (¿Estás casada?¿Cuántos años tienes?) se considera en algunas culturas hispanohablantes como una muestra amigable de interés, mientras que en otras culturas puede interpretarse como una intromisión en la esfera privada.

Estos contrastes ponen de relieve la importancia de desarrollar una competencia pragmática que vaya más allá del dominio de las estructuras gramaticales y se extienda al conocimiento de las normas de uso en cada comunidad de habla.

Conclusión

Los enunciados interrogativos constituyen uno de los terrenos donde la perspectiva pragmática resulta más indispensable. La forma interrogativa de una oración no determina por sí sola su valor comunicativo: este depende siempre de la intención del emisor, de los estados cognoscitivos de los participantes y de las condiciones sociales que rodean la emisión. Comprender esta riqueza funcional es fundamental tanto para el análisis lingüístico como para la enseñanza de lenguas y el desarrollo de una auténtica competencia comunicativa.

Para saber más

  • Escandell Vidal, M.ª V. (1995). Cortesía, fórmulas convencionales y estrategias indirectas. Revista Española de Lingüística, 25, 31-66.
  • Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática (3a ed.). Barcelona: Ariel.
  • Haverkate, H. (2006). Aspectos pragmalingüísticos de la interrogación en español con atención especial a las secuencias de preguntas. Cultura, Lenguaje y Representación, III, 27-40.
  • Shively, R. L. (2026). Spanish-Language Pragmatics: A Guide for Teachers. Routledge.


Algunos valores de los enunciados interrogativos

Para empezar, y de forma muy sencilla, puede decirse que una interrogación puede tener los siguientes valores:

  • Una pregunta: ¿Es la primera vez que viene usted a España?
  • Una petición u ofrecimiento: ¿Me trae la cuenta?
  • Una interrogativa eco: -¿Vas a venir mañana? -¿Que si voy a venir mañana?
  • Una interrogativa anticipativa: ¿Que qué hago yo aquí vestido de esta manera y a estas horas de la noche? Déjame sentarme y ahora mismito te lo explico
  • Una interrogación retórica ¿No crees que ha jugado sucio con nosotros?

No obstante, el problema de los valores pragmáticos (y semánticos) de las interrogaciones es mucho más complejo.

Con una interrogación también, se puede, por ejemplo, hacer un reproche:

(María corre contenta hacia Pedro, pues, después de dos horas ha encontrado una solución para poder ir a la piscina los viernes por la tarde:)

–María: Ya lo tengo. El viernes iré a la piscina a partir de las 10 de la noche.

–Pedro: ¿No podías haber encontrado una solución un poco peor? (también hubiese podido decir: –¿No podías ir un poco más tarde?)

Aunque entran en el campo de las interrogaciones retóricas, hay otro tipo de enunciados que, pese a ser aserciones, son algo diferentes entre sí:

¿Quieres que piensen que somos unos maleducados?

¿Qué hombre razonable desearía la guerra?

¿Puede haber algo más importante que la libertad?

¿Quién sino Juan puede haberlo hecho?

¿Cuándo se ha visto una cosa igual?

Las interrogaciones y la pragmática

Desde una perspectiva demasiado simple, se ha realizado la separación de las interrogaciones que –valga la redundancia– «preguntan» y las interrogaciones retóricas, que suponen ya una respuesta por parte del emisor.

No obstante, la realidad es mucho más compleja, ya que en las interrogaciones existen varias posibilidades pragmáticas diferentes a la de la pregunta. De hecho, en los enunciados interrogativos es necesario tener muy en cuenta los aspectos pragmáticos.

Veamos estos enunciados:

  1. ¿Vendrás esta noche al cine?
  2. ¿Vendrás esta noche al cine o no?
  3. ¿Vendrás esta noche al cine, verdad?
  4. ¿No vendrás esta noche al cine, verdad?
  5. ¿Te vienes esta noche al cine?
  6. ¿Puede decirme la hora?
  7. ¿No hace hoy un día maravilloso?
  8. Mira el tipo ese, ¿encima de haber tenido la culpa del accidente va a insultarnos?

Un somero análisis de estos enunciados nos sirve para demostrar que, en un enunciado interrogativo, las preguntas, además de para su función original, sirven, de manera comunicativa, para muchas otras cosas.

Bibliografía básica

Tipología de usos de las expresiones deícticas

Deixis ad oculos

  • En la deixis ad oculos, el enunciador y los objetos señalados se encuentran presentes en la situación comunicativa.
  • Es posible acompañar las enunciaciones de los deícticos con gestos visuales y acústicos.
  • La significación indicial de estos deícticos depende de la situación extralingüística del codificador.
  • El enunciador es el centro de orientación y determinará a su interlocutor por la dirección de los sonidos o por la línea de su mirada:

dame ese bolígrafo.

Deixis am Phantasma

  • Se refiere también a unos objetos relacionados, pero no posee el mismo centro de orientación.
  • No es posible identificar los objetos relacionados a través de gestos acústicos o visuales.
  • Siempre se aplicarán en contextos de nombres abstractos o de objetos que no existen:

cuéntame esa historia.

Representacional

  • Carece de centro de orientación y de objetos relacionados.
  • El enunciador elimina su centro real de orientación y se imagina localizado dentro de un espacio imaginado o un espacio de la memoria.
  • ¡Establece un centro de orientación con el que relaciona los objetos del espacio imaginado.
  • Los casos de la deixis ad oculos pueden utilizarse aquí, con la diferencia de que, en este caso, el contexto situacional es imaginado.
  • Pongamos un ejemplo con el presente histórico:

«…fui al cine, y estaba tan tranquilo cuando a mitad de película noto que me llaman y veo a una señorita que, con una extraña sonrisa, me pregunta: «¿Está libre este asiento?»…».

Discursiva o textual

  • El centro de orientación difiere de los tipos anteriores, ya que falta la correspondencia con una situación externa del codificador, sea real o reconstruida.
  • Corresponde a la situación momentánea, temporal o local, dentro del desarrollo del texto.
  • Es muy común la utilización de términos como «arriba», «abajo», etc., para la localización de segmentos discursivos relativos al punto de orientación.

«…y me pregunta: «¿Está libre este asiento?». Aquí se para unos segundos mirando…»

Deixis analógica

  • Solo se utiliza la dimensión local.
  • El centro de orientación está representado por un objeto concreto que funciona como análogo (la orientación dentro del espacio reconstruido es posible por analogía).
  • ¡Un mapa puede funcionar como análogo a una ciudad, indicando la posición del interlocutor al decir: «Tú estás aquí», siendo «aquí» acompañado por un gesto que indica cierto lugar del mapa.
  • En muchos casos, un simple parecido es suficiente para una correspondencia y por tanto para la deixis analógica. Si alguien señala a su costado derecho y dice «El coche le golpeó aquí», es la correspondiente parte del cuerpo de la persona la referida

Deixis no egocéntrica

  • Es posible que ciertos deícticos tengan un uso intrínseco o inherente.
  • En estos casos, se sustituye el punto de orientación egocéntrico de la significación egocéntrica por un punto no egocéntrico.
  • La orientación entre hablante y oyente no juega ningún papel: solo es importante como punto de referencia la dimensión del objeto localizante.
  • Si yo digo «la niña está detrás del árbol», es una perspectiva egocéntrica la utilizada, pues es necesaria la reconstrucción de un imaginario encaramiento entre el árbol y el hablante para saber cuál es el detrás del árbol. Aquí se utiliza la perspectiva egocéntrica del hablante.
  • Sin embargo, si digo «la niña está detrás del coche», aunque la distancia entre el coche y el hablante sea la misma que la existente entre el árbol y el hablante, la niña no está en la misma posición que en el ejemplo anterior, y ello es así porque el «delante» que sirve como referencia, en este caso, no es el «delante» del hablante (perspectiva egocéntrica), sino el «delante» del coche (perspectiva no egocéntrica), porque, en nuestra cultura, los coches tienen un delante, pero no los árboles.
  • Los objetos pueden tener «delante-detrás», o «izquierda-derecha» propios (es decir, no egocéntricos), a partir de la manera culturalmente aceptada en que nos interaccionamos con ellos, siendo nosotros mismos los que culturalmente hemos trasladado a dichos objetos tales dimensiones (un árbol o una farola no lo tienen, pero un coche o una silla sí. Una mesa de comedor no, pero sí una mesa de despacho).

Anáfora y catáfora

Juan vino ayer, y le dije que en otra ocasión avisara antes.

  • La relación entre Juan y le es anafórica.
  • En la anáfora, se establece una referencia intratextual que se ha establecido mediante una referencia al cotexto.
  • La función esencial de la anáfora es expresar la correferencia entre un deíctico y una expresión lingüística descriptiva o simbólica.
  • La anáfora es un mecanismo textual que sustituye los gestos extralingüísticos aplicados a la identificación de los deícticos por una indicación sintáctica.
  • La catáfora ejerce la misma función, pero hacia un elemento subsiguiente del cotexto.

(Deixis social)

  • No es exactamente un tipo distinto de deixis, sino una manera de codificar las identidades sociales de los participantes de un acto de habla o de las relaciones entre ellos.

¡Tú, vos, usted, su majestad, etc.

  • Estos elementos se cargan de valor “social” que afecta a la relación social, pero no a los sujetos de las deixis.
  • Dependen de la situación enunciativa o de las competencias culturales e ideológicas del usuario.

La deixis y tipología de las expresiones deícticas

Este apartado se ha reformulado y fundido con otro apartado en la web que se titulaba «Tipología de las expresiones deícticas», con algún ejemplo explicado. Para referencias y citas, tómese como fecha de referencia el 16 de febrero de 2026.

La deixis y los enunciados deícticos

Desde un punto de vista comunicativo, como señala Escandell Vidal, «No basta con entender las palabras; es necesario identificar a qué objetos, hechos o situaciones se refieren«. Muchos enunciados solo pueden interpretarse correctamente si reconstruimos el contexto en el que fueron emitidos. Y la deixis se ocupa, precisamente, de esta relación entre el lenguaje y la situación comunicativa.

Karl Bühler, en su Teoría del lenguaje (1934), distinguió dos grandes esferas:

  • Campo simbólico: los signos cuyo significado se define por convención, independientemente del aquí y ahora (mesa, justicia, lingüística).
  • Campo mostrativo (deíctico): los signos que apuntan, señalan o indican algo en la situación comunicativa (yo, aquí, ahora). Palabras como yo, aquí o ahora solo significan plenamente si determinamos a qué apuntan en cada acto de habla.

Un ejemplo cotidiano

Mensaje auténtico dejado en una puerta de un despacho universitario:

Hola, somos nosotras. Nos hemos pasado esta mañana por el despacho pero no estabas. Mañana estaremos por aquí.

Para interpretarlo adecuadamente, necesitamos:

  • Los referentes personales: nosotras, (implícito en estabas).
  • Los referentes espaciales: aquí.
  • Los referentes temporales: esta mañana, mañana, la referencia al pasado en nos hemos pasado.

Sin estos datos, el mensaje resulta incomprensible. Esto sucede porque nosotras, aquí o mañana no significan nada por sí solos: su sentido depende de los parámetros del acto de enunciación. Por eso se llaman expresiones deícticas.

Qué es la deixis

La palabra deixis procede del griego deíknymi (‘señalar’). La deixis es el fenómeno por el cual determinados elementos lingüísticos codifican características del contexto desde el que se habla: quién habla, cuándo lo hace, desde dónde y en qué relación social con el interlocutor.

Es un fenómeno universal, presente en todas las lenguas. Los deícticos pueden ser:

  • Pronombres personales (yo, tú).
  • Demostrativos (este, ese, aquel).
  • Posesivos (mi, tu).
  • Adverbios de tiempo y lugar (aquí, allí, ahora, entonces).
  • Tiempos verbales.
  • Verbos de movimiento (ir/venir, llevar/traer).
  • Fórmulas de tratamiento (usted, vos).
  • Anáforas y catáforas en ciertos usos.

La interpretación depende siempre del hablante, del lugar y del momento en que habla.

El centro deíctico: Ego – Hic – Nunc

Toda deixis se organiza alrededor del centro deíctico (Bühler):

  • Ego → el hablante
  • Hic → el lugar desde el que habla
  • Nunc → el momento en que habla

A partir de este eje se distinguen tres tipos fundamentales:

  1. Deixis personal (yo/tú).
  2. Deixis espacial (aquí/allí).
  3. Deixis temporal (ahora/mañana).

Autores como Levinson y Fillmore añaden otras: 4. deixis discursiva o textual;
5. deixis social;
6. y diversos modos específicos que describió Bühler (ad oculos, am Phantasma, representacional, etc.).

Usos gestuales y usos simbólicos

Siguiendo a Fillmore (1997) y Levinson (1983), los deícticos pueden tener:

  • Uso gestual: se interpretan mediante el acceso directo al contexto físico y a menudo van acompañados de un gesto. «Dame ese bolígrafo» (señalando).
  • Uso simbólico: basta con conocer los parámetros de la situación comunicativa; no hace falta señalar. «¿Qué haces tú aquí?» (en una habitación con dos personas).

También existen usos no deícticos:

«Con esta gente, ¡ nunca sabes» → la segunda persona del singular no refiere a un interlocutor concreto, sino a un sujeto genérico.

1. Deixis personal

Codifica las personas del acto de habla.
La 1.ª persona refiere al hablante; la 2.ª al oyente; la 3.ª suele ser anafórica más que deíctica.

Ejemplo:

«Yo te lo dije, pero tú no me hiciste caso.»

Los referentes cambian totalmente según quién pronuncie el enunciado.

Inclusiva vs. exclusiva

Aunque el español no distingue formalmente, nosotros puede incluir o excluir al interlocutor.

«Nosotros [tú y yo] deberíamos hablar.»
«Nosotros [mi grupo] ya hemos decidido.»

2. Deixis temporal

Sitúa los acontecimientos respecto al ahora del hablante:

  • Flexión verbal (pasado/presente/futuro).
  • Adverbios (hoy, ayer, mañana).
  • Expresiones (el mes pasado, dentro de un rato).

Ejemplo:

«Ayer fui al médico; hoy me encuentro mejor y mañana volveré al trabajo.»

Si hoy es 16 de febrero de 2026, ayer se refiere al 15 y mañana al 17. Si se repite otro día, cambian los referentes.

3. Deixis espacial

Codifica la localización de los elementos del espacio según la posición del hablante.

El español distingue tres grados de distancia:

  • este / aquí → cerca del hablante
  • ese / ahí → cerca del oyente o distancia media
  • aquel / allí → lejos de ambos

Los verbos de movimiento también participan:

  • venir = hacia el centro deíctico;
  • ir = alejamiento;
  • traer = movimiento hacia el hablante con un objeto;
  • llevar = movimiento desde el hablante hacia otro lugar.

4. Tipología de modos de deixis (Bühler y posteriores)

4.1. Deixis ad oculos

Referencia a objetos presentes en la situación comunicativa y accesibles sensorialmente.

«Dame ese bolígrafo.»
«Cuidado con ese coche.»

La identificación depende del gesto o de la percepción conjunta.

4.2. Deixis am Phantasma

Referencia a objetos no presentes pero accesibles mentalmente.

«Cuéntame esa historia.»
«En aquellos años, eso era lo normal.»

No puede apoyarse en gestos: apunta a un espacio mental o compartido en la memoria.

4.3. Deixis representacional

El hablante construye un espacio imaginado y se sitúa dentro de él.

Ejemplo clásico: presente histórico.

«…y noto que me llaman y veo a una señorita que me pregunta: «¿Está libre este asiento?»…»

Aquí este funciona como si el hablante estuviera físicamente en la escena narrada.

4.4. Deixis discursiva o textual

Los deícticos no se refieren al mundo externo, sino al propio texto:

«Aquí se introduce la conclusión.»
«Como hemos señalado más arriba…»
«Eso es exactamente lo que quería decir.»

La relación es endofórica: remite a partes del discurso.

4.5. Deixis analógica

El referente se establece por analogía en un espacio representado:

«Tú estás aquí.» (señalando un mapa)
«El coche le golpeó aquí.» (señalando el propio costado)

Un objeto actúa como sustituto de otro.

4.6. Deixis no egocéntrica

La orientación espacial proviene del propio objeto y no del hablante.

«La niña está detrás del coche.»

Los coches tienen delante y detrás inherentes.
En cambio:

«La niña está detrás del árbol.»

Aquí la orientación depende de la perspectiva del hablante, no del árbol.

5. Anáfora y catáfora

No son deixis en sentido estricto, pero comparten formas y función referencial.

  • Anáfora: remite hacia atrás > «Juan vino ayer y le dije…»
  • Catáfora: remite hacia adelante > «Cuando lo vi, Ana estaba nerviosa.»

6. Deixis social

Codifica la relación social entre los interlocutores.
No altera el referente, pero sí el grado de cercanía, respeto o jerarquía.

tú, vos, usted, su majestad, don, doña…

El español es especialmente rico: tuteo, voseo, ustedeo, títulos profesionales, tratamientos de cortesía…

El eje T/V (Brown y Gilman, 1960) explica esta oposición entre familiaridad () y deferencia (usted).

Se ha discutido mucho sobre si la deixis social es, en sí misma, deixis propiamente dicha, puesto que los referentes son los mismos y lo que cambia es la forma de abordarlos.

Referencias bibliográficas

  • Alba‑Juez, L. & Mackenzie, J. L. (2016). Pragmatics: Cognition, Context and Culture. McGraw‑Hill.
  • Brown, R. & Gilman, A. (1960). “The Pronouns of Power and Solidarity”. MIT Press.
  • Bühler, K. (1934). Sprachtheorie. Fischer (ver. esp. Teoría de Lenguaje).
  • Cifuentes Honrubia, J. L. (1989). Lengua y espacio. Introducción al problema de la deíxis en español. Universidad de Alicante.
  • Cifuentes Honrubia, J. L. (2006). La deixis. E‑Excellence.
  • Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática. Ariel.
  • Fillmore, C. (1997). Lectures on Deixis. CSLI.
  • Levinson, S. C. (1983, 2004). Pragmatics; “Deixis”, en The Handbook of Pragmatics.
  • RAE‑ASALE (2010). Nueva gramática de la lengua española. Espasa.

Evolución de la Pragmática

Además de los precedentes más o menos remotos que se han mencionado, podemos dividir la evolución de la Pragmática en tres grandes etapas.

En el fondo, subyace el debate en torno a si podemos (o no) considerar a la Pragmática como una disciplina  lingüística.

Pragmática formalista (años 30 y 40 del siglo XX)

En esta época (Peirce, Morris), se concibe a la Pragmática como parte integrante de un sistema semiótico.

En esta primera etapa, se tiene una concepción bastante limitada, por la cual la Pragmática se ocupa de una pequeña parte de elementos que se escapan a otros niveles de estudio lingüístico como, por ejemplo, los deícticos.

Los filósofos del lenguaje (entre los años 50 y 70 del siglo XX)

Es una época en la que se empiezan a cuestionar los presupuestos de la filosofía analítica y el modelo lógico-matemático que la sustentaba.

Con el precedente del «segundo Wittgenstein» de las Investigaciones filosóficas, todo un conjunto de filósofos del lenguaje, inicialmente anglosajones (Strawson, Austin, Grice) y luego norteamericanos (Searle) se vuelcan en el estudio del lenguaje ordinario, convencidos, además, de que el lenguaje no es solo descriptivo, sino que sirve para realizar acciones.

En esta etapa el campo de la Pragmática es bastante más extenso. Aunque es una disciplina en pleno proceso de consolidación, todavía contaba, sin embargo, con ciertas reticencias, dado que su campo de acción era «negativo» (la Pragmática estudiaba lo que no estudiaban las demás disciplinas) y precisaba del uso cruzado de muchas disciplinas. Estos inconvenientes hacían que no fuera aún una ciencia totalmente reconocida.

Pragmática cognitiva y Pragmática integrada (años 80 y 90 del siglo XX)

En estos años, la Pragmática evolucionará en dos sentidos diferentes. En el ámbito anglosajón, triunfa la Pragmática cognitiva, mientras que en el ámbito francés predomina la Pragmática integrada a la lingüística.

Pragmática cognitiva

La Lingüística y la Pragmática se conciben como ciencias vecinas  y complementarias, susceptibles de tener puntos en común.

  • La Pragmática se orienta hacia la sociolingüística cuando hace hincapié en las funciones del lenguaje (Labov, Goffman).
  • Se orienta hacia la psicolingüística cuando hace hincapié en los procesos de adquisición y tratamiento de la información (Milner, Charoles).
  • Se orienta hacia las ciencias cognitivas, que consideran que el tratamiento pragmático de la información revela un sistema central de pensamiento y definen una Pragmática deductiva encargada de analizar los procesos inferenciales generales, universales y no específicos ni exclusivos del lenguaje. Esta Pragmática cognitiva intenta estudiar las relaciones entre el lenguaje y sus usuarios en relación al tratamiento que hacen estos de la información de acuerdo con un sistema de adecuación lo más óptimo posible (Dan Sperber y Deirdre Wilson).
Pragmática integrada

Algunos investigadores franceses (Anscombre, Ducrot, Récanati, Kerbrat-Orecchioni) realizan un estudio complementario entre la Pragmática y la Semántica. En este sentido, la Pragmática se encarga esencialmente de describir la situación de comunicación, las condiciones para que una comunicación tenga éxito y el estudio de palabras situaciones, como los deícticos. Acoge, pues, los aspectos del código ligados a la enunciación. Derivará también en las teorías pragmáticas argumentativas.

En la actualidad

La pragmática se ha convertido en un campo de estudio esencial para la ciencia cognitiva, la inteligencia artificial, la traducción automática, la informática, la neurociencia o las patologías del lenguaje, por poner solo algunos ejemplos.

La necesidad de la Pragmática

El contenido de este apartado ha sido modificado y replanteado el día 25 de enero de 2026. Tómese esta fecha para hacer citas y referencias.

La Pragmática es una disciplina ya totalmente consolidada en los planes de estudio de las universidades españolas, pero es relativamente «reciente». Lo que es un hecho es que resulta imprescindible para comprender cómo funciona de verdad el lenguaje en uso.

En lugar de centrarse solo en “lo que significan las expresiones», la Pragmática se pregunta por “lo que las personas hacen y entienden al usar estas expresiones” en situaciones concretas de comunicación. Por eso, aborda de manera sistemática algunos problemas que otras disciplinas lingüísticas no consiguen resolver del todo.

Las cuatro grandes preguntas

En su obra introductoria a la Pragmática, Victoria Escandell se planteaba cuatro interrogantes que afectaban a esta disciplina y que nosotros hemos adaptado de esta manera:

  1. ¿Cómo se relaciona lo que decimos literalmente con lo que realmente queremos comunicar en cada situación? Existe un desfase constante entre el significado literal de los enunciados y lo que realmente queremos comunicar en cada situación específica.
  2. ¿Por qué, a pesar de posibles ambigüedades, contenidos incompletos, sobreentendidos o ironías, somos capaces de comprendernos con tanta eficacia?
  3. ¿Qué parte de lo que interpretamos está codificada en las palabras y estructuras gramaticales, y qué parte debe ser inferida por el interlocutor? En muchas ocasiones, el que escucha o lee debe reconstruir o interpretar lo que dice el emisor.
  4. ¿De qué depende esa parte inferida: qué papel juegan el contexto, el conocimiento del mundo, las expectativas recíprocas y las intenciones de los hablantes?

Responder a estas cuestiones exige ir más allá del análisis puramente formal de la lengua e integrar información sobre quién habla, a quién, dónde, cuándo, para qué y con qué conocimientos compartidos.Naturalmente, la Pragmática no sustituye a las demás disciplinas lingüísticas, sino que dialoga con ellas. 

La Pragmática ante la indeterminación

Deixis y situación del habla

¡Tú, tú y tú, poneos de pie! No, tú no… tú.

Los pronombres no identifican por sí solos a los destinatarios. Para interpretar correctamente es imprescindible la escena comunicativa (señalamiento, disposición espacial, contacto visual). Aquí la deixis muestra que el significado depende de la situación, no solo del código.

Conocimiento del mundo y verosimilitud

Los huevos fritos deben cocinarse adecuadamente y, si hay niños pequeños y personas mayores en casa, es mejor que sean cocidos.

[Consejo dado por el gobierno británico durante un brote de salmonella].

Entendemos sin dificultad que lo recomendable es huevos cocidos para personas vulnerables. Nada en la gramática impediría, en abstracto, una lectura absurda (que las personas “sean cocidas”), pero la descartamos gracias a nuestro conocimiento extralingüísticosobre lo que ocurre en el mundo real.

Más allá de la Semántica: el sentido de lo que queremos comunicar

Juan ha tenido siete novias

El enunciado permite, en principio, dos lecturas: «al menos siete» o «exactamente siete». En el uso ordinario, tendemos a entender ‘exactamente siete’. No está codificado: lo inferimos guiados por expectativas de cantidad informativa y cooperación. Si el hablante supiera que el número es mayor, en condiciones normales lo diría; al no decirlo, implicamosque nueve es el número preciso. Esta implicatura conversacional completa el significado literal.

Síntesis: por qué la Pragmática es indispensable

  • Explica cómo entendemos más de lo que literalmente se dice.
  • Aclara por qué un mismo enunciado produce efectos distintos según el contexto.
  • Describe los procesos inferenciales que completan el significado.
  • Articula el vínculo entre lengua, cognición y vida social.
  • Aporta soluciones prácticas para la enseñanza de lenguas, la comunicación intercultural, el análisis del discurso y la interacción digital.

    En suma, la pragmática nos permite comprender no solo lo que dicen las palabras, sino lo que hacemos con ellas.

    Para saber más:

    • Alba‑Juez, L., & Mackenzie, J. L. (2019). Pragmatics: Cognition, Context and Culture. Cambridge Scholars Publishing.
    • Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática (3ª ed.). Barcelona: Ariel.
    • Félix‑Brasdefer, J. C. (2019). Pragmática del español: contexto, uso y variación. Routledge.
    • Huang, Y (2015). Pragmatics (2.ª ed.). Oxford: Oxford University Press.
    • Koike, D. A., & Félix‑Brasdefer, J. C. (Eds.). (2021). The Routledge handbook of Spanish pragmatics. Routledge.

    ¿Por qué la Pragmática?

    Apartado actualizado el día 30 de enero de 2026. Tómese esta fecha para citarlo o utilizarlo como referencia.

    Lo que se quiere decir y lo que se dice

    La parte visible y la parte sumergida del significado

    La célebre viñeta de Quino resume de forma magistral una verdad fundamental de la comunicación humana: lo que realmente interpretamos rara vez coincide exactamente con lo que literalmente se dice.

    Las palabras son solo la punta del iceberg, esa parte visible, explícita y codificada. Pero la interpretación siempre depende de una masa oculta de supuestos, conocimientos previos y expectativas que el lector aporta y que la viñeta activa sin necesidad de explicarlo todo. La pragmática estudia precisamente ese territorio sumergido.

    El filósofo H. P. Grice estableció una distinción fundamental que se ha convertido en piedra angular de la Pragmática contemporánea: la diferencia entre “lo que se dice” (what is said) y “lo que se comunica” (what is communicated).

    En la superficie, el dibujo muestra unos pocos elementos. Literalmente, lo único que “se dice” es esa frase lapidaria: errar es humano. Ningún personaje habla, no hay globos, no hay comentario añadido.

    Sin embargo, la fuerza humorística —y, probablemente, crítica— nace de lo que se sugiere, puesto que en un en un quirófano no debería haber margen para el error. Y el lema, solemne en abstracto, resulta inquietante en ese contexto.

    Nada de esto está explícito, pero sí comunicado. Entendemos mucho más de lo que vemos porque interpretamos la imagen desde nuestro conocimiento del mundo, las expectativas culturales y el género del humor gráfico, que legitima la exageración y la ironía.

    En definitiva, comprobamos que, en una viñeta, encontramos una gran cantidad de fenómenos pragmáticos. Desarrollar competencia pragmática significa aprender a “ver” lo invisible: a reconocer las intenciones comunicativas detrás de las palabras, a interpretar correctamente el contexto y el subtexto, a manejar apropiadamente los múltiples canales (verbal, paraverbal, no verbal) de la comunicación humana.

    El código en uso: qué añade la Pragmática

    Cuando uso una palabra, esa palabra significa exactamente lo que yo decido que signifique…, ni más ni menos.

    (Lewis Carroll, Alicia en el  país de las maravillas)

    Como hemos visto en otro lugar, suele darse por sentado que las lenguas son códigos y que el proceso de producción e interpretación de los enunciados obedece, respectivamente, a la codificación y la descodificación. Pero, como observa Victoria Escandell, esta es una simplificación de una realidad mucho más compleja.

    • Las palabras pueden adquirir valores muy distintos de los que figuran en el sistema.
    • Lo que literalmente decimos y lo que realmente queremos decir pueden divergir de forma notable.
    • Aun así, interlocutores competentes suelen entenderse sin demasiada dificultad.

    La Pragmática nace precisamente para dar cuenta de esta aparente paradoja.

    Hoy sabemos que las circunstancias de enunciación influyen de manera decisiva en el significado efectivamente comunicado. No basta con el significado convencional de las palabras y las estructuras: intervienen también el contexto, el conocimiento compartido del mundo y las intenciones comunicativas de quienes participan en el intercambio.

    Tres aspectos fundamentales

    1. La distancia entre significado literal e intención del hablante. El significado convencional de un enunciado no siempre coincide con la intención concreta de quien lo produce. ironías, insinuaciones, eufemismos, sobreentendidos o elipsis muestran que decir x puede servir para comunicar algo muy distinto de x. La pragmática estudia cómo se gestiona esa distancia.
    2. El papel de la inferencia en la comprensión. Comprender un enunciado no consiste solo en “leer” significados ya dados, sino en inferir aquello que el hablante pretende comunicar a partir de lo que dice, del contexto y de las expectativas compartidas. aquí entran nociones como implicatura, presuposición o relevancia, que explican cómo completamos mentalmente lo que el lenguaje deja indeterminado.
    3. La referencia a objetos y situaciones en el mundo. Los enunciados no solo tienen “significado”, sino también referencia: apuntan a personas, objetos, tiempos y lugares concretos. expresiones como yo, tú, aquí, mañana, ese libro o lo de antes solo pueden interpretarse correctamente dentro de una situación comunicativa concreta y sobre la base del conocimiento compartido entre emisor y destinatario.

    Pregunta de fondo: ¿qué es, en realidad, “significado”?

    Como recuerda Kepa Korta (2020), cuando se analiza el uso real del lenguaje, surgen de inmediato varias preguntas de fondo:

    • ¿!ué entendemos exactamente por significado?
    • ¿Quién determina ese significado: el sistema lingüístico, el hablante, la comunidad, el contexto?
    • ¿Qué procesos cognitivos ponemos en marcha para comprender los significados ajenos y para producir los nuestros?
    • Si hay diferencia entre lo que decimos y lo que queremos decir¿qué tipo de relación existe entre ambos niveles?
    • ¿Cómo se relacionan las distintas clases de significados (lingüísticos, gestuales, icónicos, contextuales) que intervienen en la comunicación humana?

    La pragmática se encarga de abordar sistemáticamente estas cuestiones, describiendo y explicando los mecanismos que ponen en relación formas lingüísticas, contextos, conocimientos y fines comunicativos.

    Un campo en diálogo con otras disciplinas

    La pragmática no es la única disciplina que se ha planteado estos problemas. también lo han hecho, entre otras, la Filosofía del Lenguaje o la Semiótica. Entre ellas existe un amplio terreno de relación e intereses comunes, aunque no de identidad.

    • Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática (3ª ed.). Barcelona: Ariel.
    • Corta, K. (2020). La Pragmática. En M. V. Escandell Vidal, J. Amenós Pons, & A. Ahern (Eds.), Pragmática (pp. 5–38). Akal.

     

     

    La Pragmática en la Semiótica de Morris

    El contenido de este apartado se ha mejorado el día 24 de enero de 2026.

    semióticamorris

     

    Charles Morris, en Foundations of the Theory of Signs (1938), propuso una concepción integradora de la semiótica entendida como el estudio general de los signos. Para describir este ámbito, distinguió tres dimensiones complementarias que permiten analizar el funcionamiento de cualquier sistema semiótico:

    • Sintaxis, relación de los signos entre sí.
    • Semántica, relación de los signos con aquello a lo que remiten (el referente).
    • Pragmática, relación de los signos con sus intérpretes (es decir, con sus usuarios)

    Esta triple división introduce una perspectiva funcional que va más allá del análisis de las unidades aisladas y atiende al modo en que los signos se articulan, significan e influyen en quienes los interpretan.

    Morris subrayó además que la pragmática debe considerar el papel del contexto, puesto que las condiciones situacionales y cognitivas determinan cómo los signos son comprendidos y utilizados.

    Conviene señalar que la sintaxis en sentido semiótico no coincide plenamente con la sintaxis en los estudios gramaticales. Mientras que la sintaxis gramatical se ocupa de las reglas que organizan las unidades lingüísticas dentro de una lengua concreta, la sintaxis semiótica de Morris es más amplia y estudia cualquier tipo de relación formal entre signos, sea cual sea el sistema en el que aparecen.

    La propuesta de Morris resulta especialmente relevante para la pragmática contemporánea, ya que establece el marco conceptual que permite comprender por qué el significado no depende únicamente de lo dicho, sino también de cómo se interpreta y en qué condiciones se produce el acto comunicativo.