Hacia un nuevo modelo de la comunicación humana

Como ya hemos dicho en algún otro apartado de esta web, resulta necesario hacer un nuevo planteamiento el modelo de comunicación tradicional, tan extendido y estudiado.

El modelo de comunicación de Jakobson, que tenía su fundamento en el modelo de Shannon y Weaver, es el más conocido y aplicado, pero presenta graves deficiencias que ya estaban en su origen para las comunicaciones entre máquinas y que dificultan en extremo su aplicación a la comunicación humana:

  • Los emisores y receptores no se limitan a codificar y descodificar los mensajes. Si fuese así, la comunicación sería solamente una cuestión de conocimiento del código. Sabemos, sin embargo, que los hablantes utilizan la comunicación no verbal, gastan bromas, dicen las cosas con segundos sentidos…
  • En relación con lo anterior, sabemos que podemos haber entendido perfectamente las palabras de nuestro interlocutor y no haber captado el sentido de lo que nos ha querido decir. Y, a la inversa, podemos también comprender a alguien que no esté empleando ningún código.
  • La comunicación humana no se limita a la comunicación lingüística, sino que nos podemos comunicar a través de otras vías no menos importantes.
  • El ruido es un concepto demasiado simple para aplicarlo a la comunicación humana. Podemos no comprender un mensaje por falta de conocimiento sobre el tema del que nos hablan, por falta de domino del código (como ocurre con un estudiante extranjero que aprende una lengua), por pertenecer a dos modelos de cultura diferentes, por la falta de voluntad de llegar a un acuerdo, etc.
  • El contexto del hablante y del oyente puede no ser el mismo. Cada persona selecciona una serie de elementos en la comunicación según su capacidad cognitiva, por ejemplo.

En consecuencia debemos ser extremadamente prudentes y ser conscientes de que el modelo de Jakobson no explica de modo adecuado la comunicación humana.

El modelo comunicativo del que debemos partir tiene las siguientes premisas:

  • La comunicación lingüística es solamente una parte (aunque, eso sí, muy importante) en nuestra manera de transmitir mensajes.
  • Es necesario saber distinguir entre el deseo de establecer contacto con nuestro interlocutor (intención comunicativa) y el deseo de transmitir un mensaje (la intención comunicativa). En algunas ocasiones, estas dos intenciones se solapan, pero hay otras ocasiones en las que es evidente que alguien quiere establecer un contacto comunicativo, pero no sabemos con exactitud qué nos quiere transmitir.
  • Dado que cada persona tiene su propia visión del mundo (un determinado entorno cognitivo), va a utilizar esta visión para intentar comprender los mensajes que reciba. El éxito comunicativo radica en que esa visión del mundo sea común para los interlocutores.
  • Pese a lo interior, los interlocutores tratan de cooperar para que la comunicación sea lo más eficaz posible. El hablante intentará escoger (mostrar) la forma de comunicarse que, en la medida de sus posibilidades, sea lo más eficaz posible, y el receptor tratará de inferir lo que quiere decir el hablante.
  • El contexto ya no es algo dado, la escena sobre la que se produce la comunicación, sino que es un conjunto de ideas y estímulos para procesar los mensajes.
  • Fundamentamos nuestra comunicación en el principio de relevancia: los seres humanos buscamos una forma de comunicarnos en la que el esfuerzo para procesar la información sea el más sencillo posible. Para ello, es necesario dosificar con inteligencia la información nueva combinándola con la información conocida.

Para saber más:

  • Escandell Vidal, M. V. (2014). La comunicación. Lengua, cognición y sociedad. Madrid: Akal.
  • Pons Bordería, S. (2004). Conceptos y aplicaciones de la teoría de la relevancia. Madrid: Arco Libros.
  • Pons Bordería, S. (2005). La enseñanza de la pragmática en la clase de E/LE. Madrid: Arco Libros.

Introducción a la argumentación

La persuasión es un componente esencial esencial de la argumentación. La argumentación tiene como fin persuadir a los receptores. En el ámbito de la recepción, la argumentación puede ir dirigida a un receptor único o un grupo de receptores específico.

Muchas actividades discursivas tienen presente a la argumentación. aparece tanto en una conversación como en una entrevista para buscar trabajo, en un mitin político como en un juicio, en una mesa redonda como en un un artículo de opinión, en una crítica literaria como en un anuncio publicitario. En algunos de estos casos, la argumentación es el elemento central y, en otras ocasiones, la argumentación puede tener un carácter secundario.

El carácter persuasivo de la argumentación busca influir en el receptor. Para lograr esta influencia, se establecen unas estrategias que pueden estar orientadas hacia elementos racionales u orientadas a la emoción mediante la apelación a los afectos.

La argumentación tiene que tener, de forma explícita o implícita, los siguientes elementos:

  • Una estructura silogística en el que haya una conclusión derivada de unas premisas o argumentos.
  • Una estructura en la que subyace, de algún modo, una tesis y una antítesis.
  • Un posible causa de desacuerdo, sea real, probable o posible.
  • Un emisor y un receptor (individual o colectivo, mencionado expresamente o no) al que va dirigida la argumentación. Su finalidad, por lo tanto, es básicamente perlocutiva.
  • Unos mecanismos lingüísticos orientados a la persuasión.

Calsamiglia, H., & Tusón, A. (2015). Las cosas del decir: manual de análisis del discurso (3.ª ed). Barcelona: Ariel. Páginas 284-296.

Fuentes Rodríguez, C., & Alcaide, E. R. (2002). Mecanismos lingüísticos de la persuasión : cómo convencer con palabras. Madrid: Arco Libros.

Jugando con las máximas o violando las máximas del principio de cooperación

Juegos con las máximas

Pongamos un ejemplo recordando una anécdota de Maurice Bowra, en el Warden of Wadham College de Oxford. Estaba entrevistando a un joven para el posible ingreso de este en la universidad y, llegando para sí a la conclusión de que el joven no era un buen candidato, le dijo:

Creo que sería más feliz en una universidad más grande… o en una más pequeña.

Obviamente, Bowra no seguía la máxima de calidad, ya que no decía de forma explícita lo que pensaba en realidad, ni la máxima de manera, puesto que estaba siendo deliberadamente ambiguo y contradictorio.

Ante un enunciado de estas características, cabe preguntarse la razón por la que profería ese enunciado, si mentía al joven aspirante para engañarlo o era una mentira piadosa para que este no se sintiera dolido en exceso (posibilidades más directas hubieran sido: No entrarás en esta universidad o Desafortunadamente, no eres suficientemente bueno para ingresar en esta universidad.

Probablemente, el aspirante es muy consciente de que lo que querían decirle es que no había superado la entrevista. No, es por lo tanto, una mentira, sino una fórmula de cortesía comunicativa. Ese mensaje indirecto será mejor recibido por el joven que otro más directo y cruel.

Cuando los hablantes parecen no seguir las máximas, pero esperan que los oyentes aprecien el significado implícito, decimos que están vionando las máximas del principio de cooperación. Al igual que con un acto de habla indirecto, el hablante implica una función diferente del significado literal de la forma. Cuando viola una máxima, el hablante asume que el oyente sabe que sus palabras no deben tomarse al pie de la letra y que puede inferir el significado implícito.

1. Juego con la máxima de cantidad

El hablante que incumple la máxima de cantidad parece que aporta muy poca o demasiada información.

(Marta pregunta a Santiago, su esposo)

M. ¿Qué tal estoy?

S. Los zapatos son muy bonitos.

Santiago está dando una contestación con menos información de la que Marta espera. Con esta contestación, Marta es muy consciente de que Santiago quiere decirle que el resto de su vestimenta no le llama especialmente la atención.

2. Juego con la máxima de calidad

El hablante puede violar la máxima de calidad de varias maneras.

  • Puede decir algo que no representa lo que piensa.

(En una tienda de ropa, cuando hemos visto una prenda que no nos agrada especialmente)

Bueno, luego volvemos.

Es un enunciado muy frecuente en España y que suele sorprender bastante a algunos extranjeros. En nuestro contexto cultural, la persona que trabaja en la tienda no toma nuestras palabras como una mentira, sino como una forma cortés de decir que nos vamos sin comprar un artículo.

  • Mediante una exageración.

Tengo tanta hambre que me comería una mula.

Me muero de hambre.

Parece obvio que ningún interlocutor toma estas frases de manera literal.

  • Mediante el empleo de metáforas.

Mi casa en enero parece Siberia.

La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo (Jardiel Poncela).

La religión es el opio del pueblo (Karl Marx).

  • Mediante eufemismos convencionales.

Hoy he tenido que ir al baño cuatro veces.

  • La ironía y el humor.

Como apuntaba Leech, la ironía es una forma aparentemente amistosa de ser ofensivo y las bromas es una forma ofensiva de ser amistoso. En el primer caso, es un simulacro de cortesía y, en el segundo, un simulacro de descortesía.

En el caso de la ironía, el hablante expresa un sentimiento positivo, pero se implica algo negativo.

Me encanta que me despiertes a las cuatro de la mañana con tus mensajes de WhatsApp.

(En una cafetería)

¿Tienen un cruasán de ayer? Es que el que me ha dado parece de antesdeayer.

Veamos un ejemplo de broma:

¿Me das un beso, feo?

¿Vamos a la piscina, gordi?

El peligro de las bromas radica en que pueden ofender si los oyentes no interpretan bien la implicatura conversacional o si sospechan que hay un algo de verdad.

3. Juego con la máxima de relación

Cuando un hablante incumple la máxima de relación, espera que su interlocutor imagine lo que no se dijo en el enunciado y establezca la conexión entre lo dicho y lo dicho con anterioridad.

A. Están llamando a la puerta.

B. Estoy en el baño.

B espera que A. entienda que el lugar en el que se encuentra es relevante para su mensaje de que alguien está llamando a la puerta.

4. Juego con la máxima de manera

El interlocutor que se burla de la máxima de manera puede parecer oscuro, por ejemplo, para excluir a un tercero de la comunicación.

(Un marido a su mujer, para que no se entere su hija de que va a comprar helado)

Estaba pensando salir a comprar una de esas cosas frías y blancas con chispitas negras.

La violación de las máximas del principio de cooperación

Un hablante viola una máxima de forma flagrante cuando genera una implicatura engañosa. El hablante proporciona deliberadamente información insuficiente, dice algo que es insincero, irrelevante o ambiguo, y el oyente erróneamente asume que están cooperando.

1. Violación de la máxima de cantidad

Si un hablante viola la máxima de cantidad, no le dan al oyente la información suficiente para saber de qué se está hablando, porque no quiere que el oyente conozca la imagen completa. El hablante no busca una implicatura por parte del oyente, sino que está siendo parco en palabras de verdad.

(En La pantera rosa, el inspector Clouseau pregunta al recepcionista)

C. ¿Muerde su perro?

R. No.

(El inspector Clouseau va a acariciar al perro y el perro le muerde)

–Me había dicho que su perro no mordía.

–No es mi perro.

En este ejemplo, está claro que el recepcionista no está cumpliendo la máxima de cantidad. No proporciona información suficiente porque no desea darla.

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Menos que el último.

En este caso, la mujer encubre con ambigüedad el precio.

2. Violación de la máxima de calidad

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–70 euros.

(En realidad, el vestido ha costado 170 euros. La mujer miente para no generar un conflicto).

En algunas ocasiones, violar la máxima de calidad no es síntoma de culpabilidad. Puede haber mentiras piadosas que tienen una buena intención.

Mamá se ha ido al cielo.

En algunas culturas, cuando no se conoce bien al interlocutor y no se tiene familiaridad, violar la máxima de calidad es una muestra de cortesía para evitar dar una respuesta negativa.

3. Violación de la máxima de relación

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Salgamos esta noche. ¿Dónde te gustaría ir?

 

4. Violación de la máxima de manera

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Una pequeña parte de mi sueldo y una parte bastante mayor del sueldo de la persona que me lo vendió.

La Pragmática y el contexto

Habitualmente, hablamos de contexto en estos tres sentidos:

Contexto situacional

El contexto situacional  tiene en cuenta lo que los participantes de la comunicación tienen a su alrededor.

Este árbol del jardín tiene unas hojas muy especiales

El uso de este en el enunciado anterior hace referencia concreta a un elemento que solo puede conocerse si tenemos en cuenta la situación en la que se encuentra el emisor del texto.

A mí me gusta el blanco

El uso de la palabra blanco puede hacer referencia a varias cosas (un tipo de chocolate, el color de un jersey…). Solo la situación puede hacer que podamos conocer exactamente ese referente. Por otro lado, el artículo el también nos sugiere una situación de comunicación en el que el hablante puede estar indicando con un gesto el objeto elegido.

Contexto compartido

El contexto compartido tiene en cuenta lo que el hablante y sus receptores conocen uno de otro y su conocimiento compartido del mundo.

Puede ser:

  • Cultural. Es el conocimiento general que la mayor parte de personas posee en una cultura determinada, un lugar determinado o una época determinada. Es un aspecto al que hay que prestar una atención muy especial en la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas extranjeras.

Hay enunciados bien formados desde el punto de vista sintáctico y semántico, pero anómalos desde un punto de vista pragmático.

Fui a Pekín el año pasado. La Ciudad Prohibida es magnífica.

?Fui a París el año pasado. La Ciudad Prohibida es magnífica.

Pongamos un ejemplo: hace unos años, Citroën empleó el eslogan «Carácter alemán, espíritu francés» para el spot de su modelo C5. En este anuncio, se juega con varios elementos del contexto cultural: Citroën es una marca francesa pero, en el mundo de la automoción, los coches alemanes son especialmente reconocidos por su tecnología. Por lo tanto, interesa especialmente vincular el coche con un «carácter» en el que destaque la tecnología. Por otro lado, lo francés siempre ha sido tenido como algo especialmente refinado, de ahí que interese dotar de un «alma» francesa al vehículo en cuestión.

El «tamaño» de un grupo de conocimiento mutuo es muy variable en tamaño. Puede tratarse de grupos de millones de personas, pero también de grupos con un léxico determinado y mecanismos comunicativos especiales más restringidos.

  • Interpersonal. Es un conocimiento específico y –probablemente privado– que las personas tienen entre sí.

Es un conocimiento interpersonal compartido es el conocimiento adquirido a través de  interacciones verbales previas o actividades y experiencias conjuntas. Incluye el conocimiento personal privilegiado que podamos tener sobre el interlocutor. Alcanza el nivel familiar, el grupo de amigos, etc.

Cotexto

También podemos denominarse contexto de carácter textual. Lo que los hablantes y sus receptores conocen sobre lo enunciado. En este caso, el contexto está conformado por el texto mismo.

Fuimos a la excursión Paula, Sandra, Nacho, Nerea y yo. Somos amigos desde hace varios años.

La primera persona del plural del verbo somos tiene en cuenta los elementos textuales anteriores. Para tener el conocimiento de ese «nosotros» es preciso tener un conocimiento suficiente de lo que se ha dicho en el texto previamente.

Cutting, Joan. Pragmatics. A Resource Book For Students. 3.ª ed. London-New York: Routledge, 2015. Print.

Unos enunciados para la reflexión

Se exponen aquí una serie de enunciados para reflexionar sobre ellos. De momento, no vamos a utilizar ningún tipo de terminología lingüística específica relacionada con la Pragmática.

1

a. ¿Me invitas? Me he quedado sin dinero.

a. Me he quedado sin dinero.
b. Yo te presto.

a. Vaya, me he quedado sin dinero…
b. A la vuelta tienes un cajero.

2

Pásame la sal.
¿No había sal por ahí?
¿Puedes pasarme la sal?
Este pollo está un poco soso…

3

(Karlos Arguiñano a su hijo, cuando hace años volvió a casa con siete suspensos)
Saca una botella de champán. En esta familia, todos los récords se celebran. Enhorabuena.

4

¿Por qué no salimos de excursión?
¿No salimos de excursión, no?

5

(Una señora vuelve de la peluquería y su marido le dice)
¿Estaba la peluquería cerrada?

6 (necesariamente en un contexto oral)

[‘poʎo a la θer’βeθa]

[oraŋgu’tan al ‘βino]

7 (necesariamente en un contexto oral)

[‘poʎo al ‘βino]

 ?[oraŋgu’tan a la θer’βeθa]

8. (se puede jugar con el contexto oral o el escrito)

En España, pollo a la cerveza.

En Uganda, orangután al vino.

9. (en una óptica)

—¿Me da unas gafas para leer?

—¡Pero si ayer se llevó ya unas!

—Sí, pero ya me las he leído.

10.

(En una clase de levitación)

–Profesor, ¿qué tal me ha salido el examen de levitación?

–Enhorabuena, está usted suspendida.

11.

El logopeda me ha dicho que tengo lisdalia.

12.

(Un estudiante de un grado relacionado con las Humanidades).

he decidido matricularme en este grado para enriquecerme.

13.

a. ¿De dónde es usted?

b. De Río.

a. Coño, como los cangrejos.

14.

a. Niños, a la de tres tenéis que decir un color.

b. ¡Un color!

15.

A los zombis no les gusta la comida rápida.

16. Tuit de @pamitontero.

a. ¿Cuándo conoció usted a su pareja?
b. Durante el proceso de divorcio

17.

 

https://twitter.com/jaimeberenguer/status/1096344831012540416?s=20

18.

 

La (des)cortesía comunicativa

Algunas expectativas que tienen los hablantes no tienen que ver con la transmisión de información, sino con el modo de transmitir la información para mantener buenas relaciones entre los interlocutores.

Aunque pueda parecer extraño, decir la verdad puede resultar descortés en determinadas circunstancias: para ello, existen procedimientos lingüísticos de atenuación.

Cortesía social y cortesía lingüística

La cortesía social tiene que ver con la “educación” y las “buenas maneras”. La cortesía comunicativa se basa en elementos lingüísticos para conseguir una comunicación eficaz en la relación entre emisores y receptores.

Por lo tanto, cuando hablamos en Pragmática de cortesía no nos referimos a las reglas sociales de comportamiento (limpiarse la boca con la servilleta en vez de hacerlo con la mano, dejar sentarse a una persona mayor en el autobús), sino que nos referimos a las elecciones que realizamos en el ámbito comunicativo.

El hablante quiere ser valorado positivamente (imagen positiva) y que no invadan su territorio (cortesía negativa). Además, también se preocupa de que su interlocutor se sienta apreciado y no sea tratado de forma negativa.

La cortesía supone un equilibrio en el empleo de los mecanismos comunicativos para conseguir lo que deseamos sin forzar en exceso al destinatario de nuestro mensaje. Hablar supone, pues, actuar sobre el interlocutor.

La utilidad de la cortesía comunicativa

Hablar es hacer y esto supone, a veces, entrar en el territorio del otro.

La cortesía sirve para combatir o anular las defensas que pueda tener nuestro interlocutor a entrar en su “territorio”. La descortesía intenta, por el contrario, levantar un muro para que no se invada o el territorio o atacar directamente al que se considera “enemigo”.

Cortesía ritual y cortesía estratégica

  • La cortesía ritual está fijada socialmente: los saludos, los agradecimientos, las felicitaciones, los cumplidos, etc.
  • La cortesía estratégica depende de la propia voluntad del hablante, que busca, la colaboración del interlocutor, su buena disposición a escucharle, a atenderle, a prepararle para posibles recriminaciones, etc.

El papel del emisor y del receptor en la teoría de la relevancia

Tanto el productor del enunciado como el receptor tienen un papel más activo que en la teoría de comunicación por descodificación.

En el caso del receptor, la misión del oyente es intentar:

  • Descubrir sus intenciones comunicativas e informativas.
  • Llegar a lo que el hablante ha querido comunicar.

Un hombre con cara de ladrillo pegaba puñetazos en cierta cosa
de color café que resultó ser un piano (E. Jardiel Poncela, Amar se escribe sin hache)

El lector no se limitará a descodificar, sino que intentará descubrir el significado irónico propuesto por el autor pero que no se ha trasmitido de forma explícita.

El entorno cognitivo compartido

Entornos cognitivos

Cuando dos personas se comunican, cada una intenta entender a la otra desde su entorno cognitivo y ambas crean un espacio común en el que existen ideas poseídas por ambos. Este espacio es el entorno cognitivo compartido.

Pero, como cada uno de nosotros posee un entorno cognitivo propio, la coincidencia entre ambos entornos cognitivos nunca es total, lo que da pie a los problemas en la co­municación. Estos fallos forman parte del sistema y, por ello, la comunicación es una cuestión de grado.

A: No haces nada nunca en casa ¡Eres un egoísta!
B: Sí, yo también te quiero

Lo que B quiere decir no es la suma del significado de las palabras que pronuncia. Entre lo que B ha dicho y lo que ha querido decir existe un diferencial de significado que el oyente tiene que recuperar. Para ello, es necesario que A active un tipo de razonamiento similar a este:

  • B ha dicho que me quiere.
  • Dado el desarrollo de la conversación, sé que esto no es lo que me quiere decir
  • Si B ha emitido un enunciado que no refleja lo que me quiere decir, puede ser porque me quiere comunicar algo más de lo que me ha dicho
  • Mi enunciado previo era un reproche También indica reciprocidad. La respuesta de B es un reproche bajo la forma de un halago

 

La importancia de la inferencia

Para la teoría de la relevancia, la pragmática es la teoría de la interpretación de los enunciados. En esta interpretación, la inferencia juega un papel esencial.

Entender un significado tiene dos aspectos:

  • Descodificación de los signos lingüísticos.
  • Inferencia, por la que se salta de lo dicho a lo implicado.

Si Grice dio el primer paso para la explicación de la comunicación humana como proceso de inferencia, Sperber y Wilson piensan que el principio explicativo de la relevancia puede ser considerado universal. Teniendo en cuenta este principio universal, el resto de máximas del principio de cooperación resultan superfluas.

El principio de relevancia, además, no admite ser seguido o violado, ya que se aplica a todos los actos de comunicación intencional.

Es importante señalar que hay inferencias lógicas e inferencias pragmáticas. Las inferencias lógicas funcionan por un mecanismo deductivo, mientras que las inferencias pragmáticas se establecen mediante las implicaturas.

Las inferencias y el contexto

La inferencia es un proceso de razonamiento deductivo (se parte de unas premisas para llegar a una conclusión). Lo interesante es cómo seleccionamos las premisas en nuestro trabajo interpretativo buscando la relevancia.

Veamos un ejemplo:

A. ¿Vas a comprar el diccionario?

B. Gasté todo el dinero que tenía.

Para interpretar la respuesta de B es necesario que A construya un contexto (basado en ciertos conocimientos y creencias) que es el que B esperaba que construyera:

  • Se necesita cierta cantidad de dinero para comprar un diccionario.
  • B no tiene dinero.
  • De estas premisas B saca la implicatura «B no va a comprar el diccionario».

El contexto constituido por las premisas es un subconjunto de las creencias y conocimientos de toda índole que probablemente posee A.

A solo selecciona el conjunto de conocimientos necesarios para interpretar lo que dice B.

La diferencia entre frase y enunciado

H. P. Grice aporta al estudio del lenguaje la distinción entre frase y enunciado.

  • La frase es un conjunto ordenado y coherente de palabras que no varía en función de las circunstancias en las que se ha pronunciado. La frase se caracteriza por su estructura sintáctica y por su valor semántico (esto es, por lo que «dice») y es producto de la significación de las palabras que la componen. Para Grice, el estudio de la frase corresponde a la lingüística.
  • El enunciado es el resultado de la enunciación de una frase (es decir, el acto de proferirla) y varía en función de las circunstancias en las que es se pronuncia. El enunciado articula lo que el locutor quiere comunicar (que, frecuentemente, es más de lo que dice). Grice piensa que el estudio del enunciado es objeto de la pragmática y tiene que ver no con la significación, sino con el sentido. En definitiva, en la comunicación los locutores no intercambian frases, sino enunciados.

Esta distinción entre frase y enunciado sustentará uno de los desarrollos ulteriores de la pragmática: la pragmática cognitiva de Sperber y Wilson, para los que la pragmática es un conjunto de conocimientos y de capacidades para utilizar la lengua en una situación determinada.