La estructura de la conversación

 Los actos de habla no se producen «en abstracto», sino que entran en funcionamiento en realizaciones comunicativas concretas que se desarrollan en un contexto específico. De hecho, esto es lo que motiva que, según la situación, un enunciado puede conducir a un acto de habla u otro. Si un docente entra en una clase bulliciosa y dice «Buenos días», puede tener la intención de saludar a sus estudiantes antes de comenzar. Sin embargo, si en clase siguen hablando y el docente eleva un poco la voz y, de forma algo más contundente, dice «Buenos días», la intención cambia y se produce un acto de habla distinto.

En la comunicación ritual, la formulación de algunos enunciados suele conllevar una respuesta específica que se ajusta en una estructura de intercambio. Ante un saludo, se suele responder con un saludo; ante un ofrecimiento, se suele responder con una aceptación o un rechazo (incorporando, posiblemente, un agradecimiento); ante una recriminación, suele responderse con una disculpa o con una justificación.

Por ejemplo, en una situación real de comunicación, no es frecuente que un hablante diga «Buenos días» y su interlocutor diga «Adiós».

A. Buenos días.
B. Buenos días.

A. Buenos días.
B. ?Adiós.

A. ¿Te vienes con nosotros al cine?
B. Me encantaría, pero había quedado con Teresa. Pero la próxima vez me apunto.

A. ¿Te vienes con nosotros al cine?
B. ?Pues mira, me gustaría pero no me gusta ver películas. Adiós.

A. No tenías que haberle dicho que no te gustaba su regalo…
B. Pues mira, tienes razón, tenía que haber sido un poco menos brusca.

A. No tenías que haberle dicho que no te gustaba su regalo…
B. ?Es que yo soy así, sincero y directo.

En los ejemplos anteriores hemos visto que se produce un intercambiocomunicativo. Un intercambio comunicativo se compone de, al menos, dos intervenciones: la intervención iniciativa y la intervención reactiva.

Aunque en los ejemplos indicados más arriba se ha producido un intercambio con dos intervenciones, también es frecuente una tercera intervención como cierre.

(Estamos en una clase el viernes a última hora y los estudiantes van saliendo del aula. Quedan Teresa y Pablo)
A. Bueno, hasta el lunes (intervención iniciativa; función comunicativa: despedida).
B. Hasta el lunes, ¡buen fin de semana! (intervención reactiva; funciones comunicativas: despedida; expresar buenos deseos).
A. ¡Gracias, igualmente! (intervención de cierre; función comunicativa: agradecimiento).

La estructura de estas interacciones como las apuntadas es muy simple. Sin embargo, la combinación de funciones comunicativas en intercambios puede llegar a tener una estructura muy compleja.

(Estamos en la biblioteca el viernes a última hora y en las mesas próximas ya solo quedan Teresa y Pablo)
A. Adiós, hasta el lunes (intervención iniciativa 1a; función comunicativa: despedida).
B. Ah, ¿ya te vas? (intervención iniciativa 2a; función: pedir confirmación).
A. Sí, es que tengo que coger el autobús, que si voy andando llego a casa muy tarde (intervención reactiva 2b; función: justificarse).
B. ¡Buen fin de semana! (intervención reactiva 1b; función comunicativa: expresar buenos deseos).
A. ¡Gracias, igualmente! (intervención de cierre; función comunicativa: agradecimiento).

Vemos aquí dos intercambios distintos: uno con una intervención iniciativa, una reactiva y una de cierre, y otro con una intervención iniciativa y una reactiva intercalada.

Cuando se producen varios intercambios comunicativos nos encontramos con una secuencia conversacional.

De este modo, podemos concluir que la estructura de la conversación es secuencial y jerárquica. Los exponentes funcionales se combinan para formar intervenciones, las intervenciones se combinan para formar intercambios y varios intercambios conforman una secuencia.

Para saber más…

  • Amenós Pons, J., Ahern, A., & Escandell Vidal, M. V. (2019). Comunicación y cognición en ELE: la perspectiva pragmática. Barcelona: Edinumen.
  • Briz Gómez, A. (2004). La estructura de la conversación. Orden externo y orden interno. Archivo de Filología Aragonesa5960, 265–280.
  • Calsamiglia, H., & Tusón, A. (2015). Las cosas del decir: manual de análisis del discurso (3a). Barcelona: Ariel.
  • Grupo Val.Es.Co. (2014). Las unidades del discurso oral: la propuesta Val.Es.Co. de segmentación de la conversación (coloquial)Estudios de Lingüística Del Español35(1), 11–71.
  • López Alonso, C. (2014). Análisis del discurso. Madrid: Síntesis.
  • Tusón Valls, A. (2015). Análisis de la conversación. Barcelona: Ariel.

Novedades

Esta web está concebida como un elemento dinámico para aprender pragmática y, por ello, se van incorporando contenidos de manera progresiva. Iremos dejando aquí nota de las actualizaciones que vayamos realizando en la web.

Lamentablemente, siempre se escapan erratas. Si te das cuenta de alguna, te agradeceré muchísimo que me mandes un mensaje para poder subsanarla cuanto antes. ¡Gracias de antemano por tu colaboración!

1-6 de febrero de 2026

  • Reestructuración de contenidos de la web.
  • Replanteamiento teórico y práctico de los primeros temas.
  • Actualizaciones técnicas.

12-24 de enero de 2026

  • Reestructuración de contenidos de la web.
  • Replanteamiento teórico y práctico de los primeros apartados.
  • Actualizaciones técnicas.

26 de enero de 2025

  • Actualización de la bibliografía.

20 de enero de 2025

  • Actualización para el segundo semestre del curso.
  • Corrección de erratas.

27 de noviembre de 2024

  • Corrección de erratas.

30 de octubre de 2024

  • Actualización de la bibliografía.

29 de marzo de 2024

14 de febrero de 2024

  • Corrección de erratas.

17 de enero de 2024

  • Cambio y adaptación de los apartados para el curso 2023-2024.

9 de marzo de 2023

  • Adición de referencias bibliográficas a algún apartado y a la bibliografía general.

23 de febrero de 2023

  • Corrección de erratas.

17 de febrero de 2023

4 de febrero de 2023

  • Corrección de erratas.

16 de abril de 2022

  • Corrección de erratas.

16 de febrero de 2022

  • Corrección de erratas.

7 de febrero de 2022

  • Preparación de los apartados previos para el curso 2021-2022.

7 de diciembre de 2021

  • Corrección de erratas y actualización de la bibliografía.

28 de octubre de 2021

29 de septiembre de 2021

  • Actualización de los documentos básicos de ELE en la bibliografía.

30 de agosto de 2021

  • Actualización de la bibliografía general de ELE.
  • Corrección de erratas

6 de abril de 2021

15 de marzo de 2021

13 de marzo de 2021

10 de marzo de 2021

24 de febrero de 2021

  • Redacción de contenidos para el MELE (no visibles en su totalidad: algunos están en borrador).

23 de febrero de 2021

  • Incorporación de una referencia en la bibliografía.
  • Solución a un par de enlaces rotos.
  • Adición de una referencia en Marcadores del discurso.

21 de febrero de 2021

19 de febrero de 2021 de 2021

17 de febrero de 2021 de 2021

15 de febrero de 2021 de 2021

11 de febrero de 2021 de 2021

10 de febrero de 2021 de 2021

8 de febrero de 2021 de 2021

Las representaciones mentales y los esquemas mentales. Esquemas mentales socialmente compartidos. Transferencia e interferencia pragmáticas

Los seres nos comunicamos no solamente para transmitir informaciones o hacer llegar a otros nuestras ideas o necesidades, sino que utilizamos también la comunicación para intentar conseguir que nuestros interlocutores muestren interés por lo que decimos, para influir en los demás, para modificar su actitud…

Representaciones mentales

Mediante la comunicación no solo transmitimos cosas (datos, ideas, etc.), sino que también intentamos producir determinados efectos a través de actitudes, pensamientos y creencias que sirven para crear un conjunto de representaciones mentales.

Esta creación de representaciones mentales se consigue por medio de la palabra, pero también por recursos no verbales o por la combinación de elementos lingüísticos y no verbales.

La Pragmática nos enseña que cada individuo tiene unas representaciones mentales (ideas, creencias) sobre las cosas que hacemos o pensamos los seres humanos, que pueden no coincidir con las de su interlocutor. Esto significa que, en la comunicación, cada interlocutor puede tener una representación mental distinta sobre un mismo hecho o una misma situación. Interpretar correctamente la intención supone conocer el conjunto de representaciones que manejan otros individuos.

Por lo tanto, podemos concluir que las representaciones mentales, en lo que atañe al emisor, son los datos, ideas y creencias que tiene presentes para producir un enunciado y, en lo que afecta al receptor, son todos los datos, ideas y creencias que el oyente tiene presentes a la hora de interpretar un enunciado. En la medida en la que se conozcan estas representaciones mentales del emisor y el receptor, podremos establecer una comunicación adecuada.

En la enseñanza de ELE, es muy importante conocer esas representaciones mentales y analizar de forma muy cuidadosa si coinciden con las nuestras o no. Y la interpretación correcta procede de saber qué intentamos conseguir con las cosas que decimos.

El emisor debería construir su mensaje eligiendo los procedimientos más adecuados para contribuir a que el destinatario reconstruya de manera adecuada las representaciones mentales que el emisor quiere comunicar. Como hemos dicho más arriba, el destinatario cuenta también con una representaciones mentales propias, que pueden coincidir (total o parcialmente) o no con las del emisor.

Esquemas mentales socialmente compartidos

Es muy frecuente que nos encontramos con situaciones en las que las expectativas respecto al comportamiento de los interlocutores en la comunicación lleguen a construir un esquema mental, un guion que está constituido por un conjunto estructurado de representaciones mentales.

Aunque muchas veces no somos conscientes de ello, tenemos esquemas mentales para muchas de nuestras interacciones: cuando vamos a comprar, cuando vamos a un restaurante, cuando quedamos con los amigos, cuando hacemos un regalo, cuando acudimos a una fiesta, cuando pedimos algo a nuestros jefes, cuando intentamos conseguir algo de nuestros familiares…

Los problemas comunicativos no provienen, en muchos casos, del desconocimiento del código de una lengua, sino de las distintas representaciones mentales que tiene cada interlocutor, que están basados en unos esquemas mentales previos.

Si no poseeemos unos esquemas mentales compartidos, la comunicación fracasa.

En el caso del aprendizaje de una segunda lengua, muchos de estos aspectos vienen condicionados por elementos socioculturales que es necesario conocer. Si no se conocen, se generan malentendidos pragmáticos.

En nuestra vida cotidiana, estos esquema mentales socialmente compartidos se traducen en comportamientos y acciones casi totalmente automatizados. Actuamos según nuestra experiencia, según lo que hemos visto y lo que hemos aprendido. Suele tratarse de comportamientos compartidos socialmente con otros miembros de nuestra comunidad cuyo conocimiento facilita el éxito a la hora de relacionarnos con los demás.

En este entorno social, conocemos las secuencias de acciones que suelen ir unidas, las frases y las expresiones que solemos utilizar en esas situaciones… Los hablantes, en suma, necesitamos reconocer esos esquemas mentales para ser pragmáticamente competentes.

Si pensamos detenidamente en estos esquemas mentales de las situaciones cotidianas, veremos que contienen información sobre los lugares, las personas y las acciones que intervienen en dicha situación, así como lo que se suele decir en ese contexto. Basta desplazarnos a otro lugar y hablar en otra lengua para comprobar que no toda comunidad tiene los mismos esquemas mentales que nosotros manejamos. Ese contexto no es un conjunto objetivo de elementos, sino que las representaciones mentales influyen en la situación concreta de comunicación, condicionada por convenciones en la interacción, patrones de conductas, roles sociales de los interlocutores, etc.

En la enseñanza de una lengua extranjera, es tremendamente útil manejarse bien con estos esquemas. Son un punto de partida excelente para desenvolverse en situaciones naturales del uso de la lengua, conocer cómo desenvolverse en dichas situaciones y saber qué tipo de expresiones se utilizan adecuándonos a un determinado contexto y una situación comunicativa específica. En suma, es una manera de acercarse adecuadamente a la interculturalidad.

Transferencia pragmática interferencia pragmática

El fenómeno de transferencia en la adquisición de una LE/L2 supone el intento que hace el aprendiz por relacionar la información en la lengua que está aprendiendo con los conocimientos de su lengua materna.

La transferencia supone, por lo tanto, un intento aprovechamiento de su conocimiento lingüístico y de su conocimiento y concepción del mundo (el esquema mental que hemos visto más arriba) como estrategia de aprendizaje y de comunicación.

El proceso de transferencia puede aparecer en cualquier nivel lingüístico, aunque nosotros nos ocuparemos aquí de la transferencia pragmática.

La transferencia puede ser un fenómeno positivo, pero, cuando la transferencia entre la lengua de origen y la lengua meta ocasiona un error, hablamos de interferencia.

Interferencia pragmática

La interferencia es un proceso de transferencia negativa por el cual los errores cometidos en una LE/L2 se deben al contacto con la lengua materna.

En el caso de los esquemas mentales y los hábitos culturales, la interferencia se produce cuando estos difieren entre la L1 y la LE/L2 y afecta tanto al ámbito de la producción como al de la recepción.

En el caso de las interferencias pragmáticas, un enunciado puede ser gramaticalmente correcto en su sentido literal, pero posee un valor comunicativo muy distinto en la cultura meta.

Esta interferencia (algunos lo llaman «error pragmático») se origina por un desconocimiento de los esquemas mentales que contienen un valor sociocultural. Como acabamos de explicar, el sentido literal es idéntico en ambas lenguas, pero el valor comunicativo es muy distinto porque se aplica una fuera ilocutiva diferente. Por ejemplo, hay ocasiones en que los enunciados interrogativos no tienen un valor de pregunta, sino que tienen un valor interaccional de invitación. En algunos casos, ocasiona lo que se denomina «choque cultural».

Puede haber dos tipos de interferencias pragmáticas (o «errores» pragmáticos):

  • Interferencia pragmalingüística. Se produce cuando se emplea en una lengua una fórmula propia de otra lengua y cuyo significado no coincide. Es frecuente en los elementos más ritualizados de las relaciones interpersonales, como los saludos, las despedidas o las felicitaciones. De esta manera, conocer y emplear de manera adecuada las fórmulas propias de una comunidad lingüística y cultural se erige en uno de los objetivos esenciales a la hora de aprender una lengua extranjera.
  • Interferencia sociopragmática. Se produce cuando se trasladan de una lengua a otra percepciones sociales y comportamientos propios de otra cultura. En estos casos, lo que se produce es un cambio en la interpretación del enunciado y en la valoración social que recibe. Por ejemplo, si alguien elogia nuestra chaqueta: Qué chaqueta tan bonita llevas hoy, en la cultura hispana el destinatario del cumplido tiende a mitigarlo de alguna manera (Pues me ha costado muy barata / La tengo hace muchos años / La compré en las rebajas), mientras que la cultura anglosajona se agradecerá el cumplido sin más (Gracias / Sí, lo sé), lo que para la cultura hsipana podría parecer descortés.

En este sentido, la enseñanza de la pragmática y del componente sociocultural en la adquisición de la lengua extranjera supone un hito esencial para comprender la manera que cumplen las normas sociales y culturales en la selección de las formas lingüísticas.

Es necesario tener en cuenta que los hablantes nativos suelen ser benevolentes con los errores lingüísticos, pero suelen ser mucho menos comprensivos con esos «errores» de ámbito sociocultural (probablemente, porque contemplan el mundo desde los esquemas mentales que comparten y no son conscientes de que, en los aprendientes de lenguas, se producen también esos procesos de transferencia negativa de corte sociopragmático).

Para saber más:

Visión comunicativa de la lengua. La competencia pragmática

Este apartado se ha actualizado incorporando nuevos contenidos y organizándolos de manera más adecuada. Para citas y referencias, usar como fecha el 24 de enero de 2026.

La visión comunicativa entiende la lengua como acción situada en un contexto y ajustada a unas situaciones de enunciación concreta: hablar no es solo construir oraciones correctas, sino producir e interpretar enunciados adecuados a una situación, unos interlocutores y unos fines concretos. de ahí que la competencia pragmática sea indisociable de la competencia comunicativa: gobierna qué decimos, cómo lo decimos y para qué lo decimos en cada contexto.

De la competencia lingüística a la competencia pragmática

La transición desde una concepción formalista de la lengua hacia una visión comunicativa se explica por tres hitos complementarios:

a) El reconocimiento de que la corrección gramatical no garantiza por sí sola el éxito comunicativo.

b) La necesidad de normas de uso para decidir qué es apropiado decir, a quién, cómo y cuándo

c) La incorporación de la pragmática como eje que conecta forma, contexto e intención. en este marco, la competencia pragmática deja de ser un “añadido” y pasa a ser constitutiva de la competencia comunicativa. de la competencia lingüística a la comunicativa

Expliquemos brevemente:

    • Chomsky (1965) definía la competencia en términos de formación de oraciones y del conocimiento del sistema. Este enfoque explicaba la gramaticalidad, pero no la adecuación.
    • Hymes (1966/1972) amplía el objeto: para comunicar, los hablantes activan reglas que determinan lo posible, lo factible, lo apropiado y lo realizado en una comunidad. Su propuesta cristaliza en un modelo que tiene en cuenta la situación, los participantes, los fines, los actos, el todo, nos instrumentos, las normas y el género. Por lo tanto, desplaza el análisis hacia la situación comunicativa concreta.

Modelos integradores y papel de la pragmática

    • Canale y Swain (1980) desglosan la competencia comunicativa en gramatical, sociolingüística, discursiva y estratégica. Lo pragmático se inserta, sobre todo, en la sociolingüística (normas y registros) y en la estratégica (resolver problemas de interacción), lo que permite enfocar  la enseñanza hacia objetivos, tareas y evaluación.
    • Bachman (1990); Bachman y Palmer (1996) reubican la pragmática en el corazón del modelo, junto a la organización de la lengua. Distinguen competencia organizativa (gramatical y textual) y competencia pragmática, esta última compuesta por competencia ilocutiva (relación forma‑función: pedir, disculpar, aconsejar) y competencia sociolingüística (registro, cortesía, distancia/poder). Esta arquitectura explica por qué un enunciado formalmente correcto puede ser impropio en un contexto dado.

Giro interaccional: saber actuar con otros
Los enfoques actuales enfatizan el carácter co‑construido de la comunicación:

    • Celce‑Murcia, Dörnyei y Thurrell (1995) incorporan la competencia interaccional para atender a aperturas/cierres, gestión de turnos, cambio de tema y recursos paralingüísticos y no verbales. De esta manera, “saber” no es solo poseer formas, sino sincronizar acciones con el otro. 
    • Faerch y Kasper (1983) distinguen conocimiento declarativo (saber‑qué: reglas, convenciones, géneros) y procedimental (saber‑cómo: seleccionar y combinar en tiempo real), que resulta una distinción clave para el diseño de tareas y rúbricas que evalúan no solo el producto, sino la toma de decisiones del aprendiente. 
    • Ifantidou (2014) añade la progresión conciencia pragmática → metapragmática: primero reconocemos  ironía, descortesía o presuposiciones; para después, explicarlas, justificando elecciones en términos de contexto e intención

 

Implicación directa para ELE

    • Las programaciones han de conectar contenidos formales con usos (funciones, actos de habla, marcadores, registro).
    • La práctica debe simular situaciones prototípicas (encuentros de servicio, tutorías, reuniones) con variables de relación y propósito.
    • La evaluación debe ponderar adecuación (rol, registro, cortesía, coherencia) y no solo corrección, en línea con MCER/PCIC y sus descriptores por niveles. 

Los componentes de la competencia pragmática

Los componentes de la competencia pragmática son, fundamentalmente, los relacionados con la deíxis, los actos de habla, las presuposiciones, los implícitos, las inferencias y los fenómenos de (des)cortesía. Todos ellos intervienen en la interpretación y producción de enunciados adecuados dentro de una comunidad de habla y permiten que el significado vaya más allá del contenido literal.

En muchas ocasiones, los aprendices de una LE/L2 no comunican de forma eficaz estos componentes pragmáticos, lo que puede dar lugar a malentendidos e incluso a valoraciones negativas por parte de los hablantes nativos. Estos fallos pueden deberse tanto a problemas pragmalingüísticos (uso poco natural o incorrecto de las formas lingüísticas) como sociopragmáticos (desajustes respecto a las normas de uso que rigen la interacción en la comunidad).

También puede ocurrir que un aprendiz sea capaz de comprender determinados aspectos pragmáticos en el discurso de otros, pero no logre expresar sus propias intenciones con precisión debido a la falta de recursos lingüísticos y/o pragmáticos en la lengua meta. Esta asimetría suele estar asociada a la transferencia de patrones propios de la L1, que no siempre encajan con los de la L2.

En la adquisición de la competencia pragmática influyen, además del propio nivel lingüístico, otros factores relevantes: el contacto con hablantes de la lengua meta, la actitud hacia la lengua y su cultura, la motivación, así como la edad de los primeros contactos con la lengua. estos factores se observan con claridad en el caso de los hablantes de herencia, que suelen mostrar combinaciones particulares de fortalezas pragmáticas y lagunas derivadas de su trayectoria lingüística.

Cómo conseguir buenos resultados en el desarrollo de la competencia pragmática

Un aspecto clave para favorecer el desarrollo de la competencia pragmática es reflexionar sobre cómo enseñarla y con qué recursos.

En primer lugar, el instructor debe poseer un conocimiento sólido del funcionamiento del componente pragmático, algo que no siempre se garantiza en los programas de formación de profesores. Persisten lagunas tanto en el conocimiento global de la pragmática como en el conocimiento específico de la pragmática de la L2.

En segundo lugar, se necesitan materiales didácticos adecuados. Muchos manuales todavía no integran de manera suficiente los contenidos pragmáticos ni incluyen explicaciones metapragmáticas claras, aunque en los últimos años se aprecia una incorporación progresiva de estos aspectos de manera creciente y significativa.

Por ello, es necesario complementar los materiales tradicionales con recursos que presenten contextos ricos y modelos de interacción real entre interlocutores, algo difícil de reproducir únicamente a través del trabajo en el aula sin apoyos externos.

Otro elemento clave es el aprendizaje mediante la observación y la interacción con hablantes nativos en contextos reales. No obstante, esta vía solo es eficaz si se combina con instrucción explícita que ayude al aprendiz a interpretar y sistematizar lo observado.

Por último, son especialmente útiles los programas de inmersión, las plataformas que conectan a estudiantes con hablantes nativos y las fórmulas de interacción digital (chats, redes sociales, juegos en línea), que permiten una exposición variada y contextualizada a los usos pragmáticos de la lengua.

 

Para saber más

  1. Competencia lingüística, competencia pragmática y competencia comunicativa.
  2. Lectura obligatoria: Escandell Vidal, M. V. (2004). Aportaciones de la Pragmática. En J. Sánchez Lobato & I. Santos Gargallo (Eds.), Vademécum para la formación de profesores. Enseñar español como segunda lengua (L2)/ lengua extranjera (LE)(pp. 179–198). Madrid: SGEL.
  3. Lectura optativa: Cenoz Iragui, J. (2004). El concepto de competencia comunicativa. En Vademécum para la formación de profesores. Enseñar español como segunda lengua/lengua extranjera (pp. 449-465). Madrid: SGEL.
  4. Lectura optativa: Gutiérrez Ordóñez, S. (2006): Ejercitarás la competencia pragmática. En La competencia pragmática y la enseñanza del español como lengua extranjera (pp. 25-44).
  5. Lectura optativa: Koike, D., & Pearson, L. (2021). La adquisición de la competencia pragmática en L2. En M. V. Escandell Vidal, J. Amenós Pons, & A. Ahern (Eds.), Pragmática (pp. 729-741). Akal.

Otras referencias útiles:

  1. Celce-Murcia, M., Dörnyei, Z., & Thurrell, S. (1995). Communicative competence: A pedagogically motivated model with content specifications. Issues in Applied Linguistics, 6(2), 5–35. Texto completo: https://escholarship.org/uc/item/2928w4zj
  2. Ifantidou, E. (2014). Pragmatic Competence and Relevance. Oxford University Press. https://doi.org/10.1075/pbns.245
  3. Færch, C., & Kasper, G. (Eds.). (1983). Strategies in interlanguage communication. Longman. 

 

 

 

Comprender la comunicación humana desde la Pragmática: hacia un nuevo modelo de la comunicación humana

Contenido actualizado el 30 de febrero de 2026. Tómese esta fecha para citas y referencias a este apartado de la web.

Introducción: por qué los modelos tradicionales ya no son suficientes

Como ya hemos dicho en algún otro apartado de esta web, resulta necesario hacer un nuevo planteamiento el modelo de comunicación tradicional, tan extendido y estudiado.

El modelo de comunicación de Jakobson, que tenía su fundamento en el modelo de Shannon y Weaver, es el más conocido y aplicado, pero presenta graves deficiencias que ya estaban en su origen para las comunicaciones entre máquinas y que dificultan en extremo su aplicación a la comunicación humana.

La comunicación humana ha sido descrita habitualmente mediante esquemas lineales de tipo código‑canal‑ruido (Shannon–Weaver) y versiones funcionales como el modelo de Jakobson. Aunque útiles en contextos introductorios, resultan insuficientes para explicar cómo construimos significado en situaciones reales: no captan la inferencia, la multimodalidad ni la negociación del contexto que realizan los interlocutores en tiempo real. La investigación pragmática y, en particular, la Teoría de la Relevancia dentro de la pragmática cognitiva, ha mostrado que la comunicación humana es fundamentalmente ostensivo‑inferencial y se resuelve en la interfase entre sistema lingüístico y procesos cognitivos generales.

Limitaciones críticas de los modelos basados en el código y la codificación-descodificación

1) Más que codificar y descodificar

El hablante no «empaqueta» un significado completo en el mensaje ni el oyente lo «desempaqueta» sin más: además del código, intervienen pistas procedimentales (entonación, conectores, morfología), supuestos compartidos y procesos de inferencia que enriquecen lo que se dice de manera literal.

«Esta habitación parece una leonera».

Literalmente, es una comparación, pero el acto pragmático que se infiere es una petición de ordenar el cuarto.

2) Comprender palabras no es captar intenciones

Podemos entender cada palabra y, aun así, no identificar la intención del hablante; también podemos comprender la intención con mínimos recursos verbales. Esta disociación obliga a distinguir entre el contenido explícito enriquecido que recupera el oyente (explicatura) y lo implicado por el hablante (implicaturas).

—¿Dónde está José Luis?
—Tiene la luz del despacho encendida.
La respuesta guía a inferir «está en su despacho», sin enunciarlo.

No se dice de manera explícita, pero la respuesta guía una inferencia a que José Luis está en su despacho

3) La comunicación es multimodal

Los modelos lineales no integran adecuadamente la prosodia, gestos, miradas, proxémica, silencios y otros recursos que modulan el sentido y orientan la inferencia del oyente. Parte de esta modulación se codifica como significado procedimental (pistas sobre cómo interpretar), distinto del significado conceptual.

4) «Ruido» es una noción demasiado simple

Más allá de interferencias físicas, hay obstáculos cognitivos y socioculturales: desconocimiento del tema, competencias asimétricas en otras lenguas, creencias y expectativas distintas o incluso baja orientación cooperativa. Estos factores se tratan mejor como problemas derivados de contextos no compartidos y de la falta de alineación entre los distintos componentes del sistema lingüístico

5) El contexto no es un decorado: se construye dinámicamente

Algunas conclusiones

El modelo que proponemos integra codificación lingüística e inferencia:

  • La comunicación humana es, ante todo, inferencial.
  • El contexto se construye y negocia.
  • La relevancia equilibra esfuerzo y efectos.
  • La intención comunicativa debe ser reconocida y tenida en cuenta.
  • El significado comunicado excede el codificado y depende de interfaces entre gramática, significado y cognición

Para saber más:

  • Ahern, A. K., Amenós‑Pons, J., & Guijarro‑Fuentes, P. (2024). Pragmatics, grammar and meaning in SLA. Cambridge University Press.
  • Escandell Vidal, M. V. (2014). La comunicación. Lengua, cognición y sociedad. Madrid: Akal.
  • Pons Bordería, S. (2004). Conceptos y aplicaciones de la teoría de la relevancia. Madrid: Arco Libros.
  • Pons Bordería, S. (2005). La enseñanza de la pragmática en la clase de E/LE. Madrid: Arco Libros.
  • Shively, R. L. (2026). Spanish‑language pragmatics: A guide for teachers. Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315526775.

Introducción a la argumentación

La persuasión es un componente esencial esencial de la argumentación. La argumentación tiene como fin persuadir a los receptores. En el ámbito de la recepción, la argumentación puede ir dirigida a un receptor único o un grupo de receptores específico.

Muchas actividades discursivas tienen presente a la argumentación. aparece tanto en una conversación como en una entrevista para buscar trabajo, en un mitin político como en un juicio, en una mesa redonda como en un un artículo de opinión, en una crítica literaria como en un anuncio publicitario. En algunos de estos casos, la argumentación es el elemento central y, en otras ocasiones, la argumentación puede tener un carácter secundario.

El carácter persuasivo de la argumentación busca influir en el receptor. Para lograr esta influencia, se establecen unas estrategias que pueden estar orientadas hacia elementos racionales u orientadas a la emoción mediante la apelación a los afectos.

La argumentación tiene que tener, de forma explícita o implícita, los siguientes elementos:

  • Una estructura silogística en el que haya una conclusión derivada de unas premisas o argumentos.
  • Una estructura en la que subyace, de algún modo, una tesis y una antítesis.
  • Un posible causa de desacuerdo, sea real, probable o posible.
  • Un emisor y un receptor (individual o colectivo, mencionado expresamente o no) al que va dirigida la argumentación. Su finalidad, por lo tanto, es básicamente perlocutiva.
  • Unos mecanismos lingüísticos orientados a la persuasión.

Calsamiglia, H., & Tusón, A. (2015). Las cosas del decir: manual de análisis del discurso (3.ª ed). Barcelona: Ariel. Páginas 284-296.

Fuentes Rodríguez, C., & Alcaide, E. R. (2002). Mecanismos lingüísticos de la persuasión : cómo convencer con palabras. Madrid: Arco Libros.

Jugando con las máximas o violando las máximas del principio de cooperación

Juegos con las máximas

Pongamos un ejemplo recordando una anécdota de Maurice Bowra, en el Warden of Wadham College de Oxford. Estaba entrevistando a un joven para el posible ingreso de este en la universidad y, llegando para sí a la conclusión de que el joven no era un buen candidato, le dijo:

Creo que sería más feliz en una universidad más grande… o en una más pequeña.

Obviamente, Bowra no seguía la máxima de calidad, ya que no decía de forma explícita lo que pensaba en realidad, ni la máxima de manera, puesto que estaba siendo deliberadamente ambiguo y contradictorio.

Ante un enunciado de estas características, cabe preguntarse la razón por la que profería ese enunciado, si mentía al joven aspirante para engañarlo o era una mentira piadosa para que este no se sintiera dolido en exceso (posibilidades más directas hubieran sido: No entrarás en esta universidad o Desafortunadamente, no eres suficientemente bueno para ingresar en esta universidad).

Probablemente, el aspirante es muy consciente de que lo que querían decirle es que no había superado la entrevista. No, es por lo tanto, una mentira, sino una fórmula de cortesía comunicativa. Ese mensaje indirecto será mejor recibido por el joven que otro más directo y cruel.

Cuando los hablantes parecen no seguir las máximas, pero esperan que los oyentes aprecien el significado implícito, decimos que están vionando las máximas del principio de cooperación. Al igual que con un acto de habla indirecto, el hablante implica una función diferente del significado literal de la forma. Cuando viola una máxima, el hablante asume que el oyente sabe que sus palabras no deben tomarse al pie de la letra y que puede inferir el significado implícito.

1. Juego con la máxima de cantidad

El hablante que incumple la máxima de cantidad parece que aporta muy poca o demasiada información.

(Marta pregunta a Santiago, su esposo)

M. ¿Qué tal estoy?

S. Los zapatos son muy bonitos.

Santiago está dando una contestación con menos información de la que Marta espera. Con esta contestación, Marta es muy consciente de que Santiago quiere decirle que el resto de su vestimenta no le llama especialmente la atención.

2. Juego con la máxima de calidad

El hablante puede violar la máxima de calidad de varias maneras.

  • Puede decir algo que no representa lo que piensa.

(En una tienda de ropa, cuando hemos visto una prenda que no nos agrada especialmente)

Bueno, luego volvemos.

Es un enunciado muy frecuente en España y que suele sorprender bastante a algunos extranjeros. En nuestro contexto cultural, la persona que trabaja en la tienda no toma nuestras palabras como una mentira, sino como una forma cortés de decir que nos vamos sin comprar un artículo.

  • Mediante una exageración.

Tengo tanta hambre que me comería una mula.

Me muero de hambre.

Parece obvio que ningún interlocutor toma estas frases de manera literal.

  • Mediante el empleo de metáforas.

Mi casa en enero parece Siberia.

La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo (Jardiel Poncela).

La religión es el opio del pueblo (Karl Marx).

  • Mediante eufemismos convencionales.

Hoy he tenido que ir al baño cuatro veces.

  • La ironía y el humor.

Como apuntaba Leech, la ironía es una forma aparentemente amistosa de ser ofensivo y las bromas es una forma ofensiva de ser amistoso. En el primer caso, es un simulacro de cortesía y, en el segundo, un simulacro de descortesía.

En el caso de la ironía, el hablante expresa un sentimiento positivo, pero se implica algo negativo.

Me encanta que me despiertes a las cuatro de la mañana con tus mensajes de WhatsApp.

(En una cafetería)

¿Tienen un cruasán de ayer? Es que el que me ha dado parece de antesdeayer.

Veamos un ejemplo de broma:

¿Me das un beso, feo?

¿Vamos a la piscina, gordi?

El peligro de las bromas radica en que pueden ofender si los oyentes no interpretan bien la implicatura conversacional o si sospechan que hay un algo de verdad.

3. Juego con la máxima de relación

Cuando un hablante incumple la máxima de relación, espera que su interlocutor imagine lo que no se dijo en el enunciado y establezca la conexión entre lo dicho y lo dicho con anterioridad.

A. Están llamando a la puerta.

B. Estoy en el baño.

B espera que A. entienda que el lugar en el que se encuentra es relevante para su mensaje de que alguien está llamando a la puerta.

4. Juego con la máxima de manera

El interlocutor que se burla de la máxima de manera puede parecer oscuro, por ejemplo, para excluir a un tercero de la comunicación.

(Un marido a su mujer, para que no se entere su hija de que va a comprar helado)

Estaba pensando salir a comprar una de esas cosas frías y blancas con chispitas negras.

La violación de las máximas del principio de cooperación

Un hablante viola una máxima de forma flagrante cuando genera una implicatura engañosa. El hablante proporciona deliberadamente información insuficiente, dice algo que es insincero, irrelevante o ambiguo, y el oyente erróneamente asume que están cooperando.

1. Violación de la máxima de cantidad

Si un hablante viola la máxima de cantidad, no le dan al oyente la información suficiente para saber de qué se está hablando, porque no quiere que el oyente conozca la imagen completa. El hablante no busca una implicatura por parte del oyente, sino que está siendo parco en palabras de verdad.

“—¡Buenos días, Lucas! ¿Qué tal?
—No me hables, mira, estoy negro. Esta mañana he ido yo a llevar al niño al colegio en coche. En mala hora se me ha ocurrido. ¡Uuuna caravana! ¡Qué atascazo, Dios! ¡Casi dos horas para llegar! Y el chaval, pobre, muerto de hambre porque habíamos salido tarde de casa, no había desayunado y se subía por las paredes. Al final, berreando en el coche. Y yo con fiebre, que no sé cómo podía conducir. Porque yo prefiero no tomar antibióticos, porque ya sabes que luego las bacterias se hacen resistentes o no sé qué pasa…”

Ejemplo procedente de Estrella Montolío

Conversación entre unos padres y su hijo:
—¿Dónde vas?
—Por ahí.
—¿Con quién?
—Con mis amigos.
—¿A dónde?
—A dar una vuelta

Los padres eran mis padres y el hijo era yo a los quince años

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Menos que el último.

En este caso, la mujer encubre con ambigüedad el precio.

2. Violación de la máxima de calidad

(En La pantera rosa, el inspector Clouseau pregunta al recepcionista)
C. ¿Muerde su perro?
R. No.
(El inspector Clouseau va a acariciar al perro y el perro le muerde)
–Me había dicho que su perro no mordía.
–No es mi perro.

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–70 euros.

(En realidad, el vestido ha costado 170 euros. La mujer miente para no generar un conflicto).

En algunas ocasiones, violar la máxima de calidad no es síntoma de culpabilidad. Puede haber mentiras piadosas que tienen una buena intención.

Mamá se ha ido al cielo.

En algunas culturas, cuando no se conoce bien al interlocutor y no se tiene familiaridad, violar la máxima de calidad es una muestra de cortesía para evitar dar una respuesta negativa.

3. Violación de la máxima de relación

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Salgamos esta noche. ¿Dónde te gustaría ir?

A: ¿Te ha gustado la película?
B: El montaje de la primera parte está bastante logrado, aunque yo he echado en falta un poco más de ritmo en las escenas de violencia. No sé si te has fijado en que había un extra bostezando en la escena del mercado, y el tipo que yo tenía sentado al lado también ha estado bostezando y comiendo palomitas ¡tooodo el rato! haciendo un montón de ruido.
A: Sí, pero ¿te ha gustado la película o no?

Ejemplo de Estrella Montolío

4. Violación de la máxima de manera

–¿Cuánto te costó ese vestido nuevo, cariño?

–Una pequeña parte de mi sueldo y una parte bastante mayor del sueldo de la persona que me lo vendió.

La Pragmática y el contexto

Este apartado ha sido ampliado y matizado el día 30 de enero de 2026. Téngase en cuenta para las referencias y citas.

El contexto constituye uno de los conceptos fundamentales y más complejos de la Pragmática. Sin contexto, resulta imposible comprender plenamente el significado de cualquier enunciado; con él, incluso las expresiones más simples adquieren profundidad y precisión interpretativa.

En Pragmática, contexto no es un mero «decorado», sino un conjunto dinámico de supuestos que los interlocutores activan para construir la interpretación de lo que se dice. El contexto incluye lo situacional, lo compartido (cultural e interpersonal) y el co‑texto (lo que el propio texto ya ha dicho), y se actualiza turno a turno. Este enfoque es coherente con la pragmática cognitiva y con la enseñanza de la pragmática del español: sin contexto, no hay interpretación adecuada.

Habitualmente, hablamos de contexto en estos tres sentidos:

Contexto situacional: lo que hay «alrededor» del enunciado

El contexto situacional  tiene en cuenta lo que los participantes de la comunicación tienen a su alrededor.

Este árbol del jardín tiene unas hojas muy especiales

El uso de este en el enunciado anterior hace referencia concreta a un elemento que solo puede conocerse si tenemos en cuenta la situación en la que se encuentra el emisor del texto.

A mí me gusta el blanco

El uso de la palabra blanco puede hacer referencia a varias cosas (un tipo de chocolate, el color de un jersey…). Solo la situación puede hacer que podamos conocer exactamente ese referente. Por otro lado, el artículo el también nos sugiere una situación de comunicación en el que el hablante puede estar indicando con un gesto el objeto elegido.

Contexto compartido: lo que los interlocutores saben «en común»

El contexto compartido tiene en cuenta lo que el hablante y sus receptores conocen uno de otro y su conocimiento compartido del mundo.

Puede ser:

  • Cultural. Es el conocimiento general que la mayor parte de personas posee en una cultura determinada, un lugar determinado o una época determinada. Es un aspecto al que hay que prestar una atención muy especial en la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas extranjeras.

Hay enunciados bien formados desde el punto de vista sintáctico y semántico, pero anómalos desde un punto de vista pragmático.

Fui a Pekín el año pasado. La Ciudad Prohibida es magnífica.

?Fui a París el año pasado. La Ciudad Prohibida es magnífica.

Pongamos un ejemplo: hace unos años, Citroën empleó el eslogan «Carácter alemán, espíritu francés» para el spot de su modelo C5. En este anuncio, se juega con varios elementos del contexto cultural: Citroën es una marca francesa pero, en el mundo de la automoción, los coches alemanes son especialmente reconocidos por su tecnología. Por lo tanto, interesa especialmente vincular el coche con un «carácter» en el que destaque la tecnología. Por otro lado, lo francés siempre ha sido tenido como algo especialmente refinado, de ahí que interese dotar de un «alma» francesa al vehículo en cuestión.

El «tamaño» de un grupo de conocimiento mutuo es muy variable en tamaño. Puede tratarse de grupos de millones de personas, pero también de grupos con un léxico determinado y mecanismos comunicativos especiales más restringidos.

  • Interpersonal. Es un conocimiento específico y –probablemente privado– que las personas tienen entre sí.

Es un conocimiento interpersonal compartido es el conocimiento adquirido a través de  interacciones verbales previas o actividades y experiencias conjuntas. Incluye el conocimiento personal privilegiado que podamos tener sobre el interlocutor. Alcanza el nivel familiar, el grupo de amigos, etc.

Cotexto o contexto textual: lo ya dicho que condiciona lo siguiente

También podemos denominar contexto textual a lo que los hablantes y sus receptores conocen sobre lo enunciado.  En este caso, el contexto está conformado por el texto mismo.

Fuimos a la excursión Paula, Sandra, Nacho, Nerea y yo. Somos amigos desde hace varios años.

La primera persona del plural del verbo somos tiene en cuenta los elementos textuales anteriores. Para tener el conocimiento de ese «nosotros» es preciso tener un conocimiento suficiente de lo que se ha dicho en el texto previamente.

Cutting, Joan. Pragmatics. A Resource Book For Students. 3.ª ed. London-New York: Routledge, 2015. Print.

Unos enunciados para la reflexión

Se exponen aquí una serie de enunciados para reflexionar sobre ellos. De momento, no vamos a utilizar ningún tipo de terminología lingüística específica relacionada con la Pragmática.

Enunciados para el curso 2021-2022

ENUNCIADO 1
[En una librería]
A. ¿Tienen algo de Hemingway?
B. Tenemos El viejo y el mar.
A. Perfecto. Deme El mar.

ENUNCIADO 2
Esturión: soldado romano muy apreciado por sus huevos.

ENUNCIADO 3
[Una estudiante al profesor cuando entra en clase]
A. ¿Se puede entrar bebida?
B. No lo veo conveniente.

ENUNCIADO 4

ENUNCIADO 5

Imagen en un baño:

ENUNCIADO 6

ENUNCIADO 7

ENUNCIADO 8

ENUNCIADO 9

ENUNCIADO 10

ENUNCIADO 11

ENUNCIADO 12

Enunciados empleados en cursos anteriores

Puedes acceder a estos enunciados aquí: