La (des)cortesía comunicativa

Algunas expectativas que tienen los hablantes no tienen que ver con la transmisión de información, sino con el modo de transmitir la información para mantener buenas relaciones entre los interlocutores.

Aunque pueda parecer extraño, decir la verdad puede resultar descortés en determinadas circunstancias: para ello, existen procedimientos lingüísticos de atenuación.

Cortesía social y cortesía lingüística

La cortesía social tiene que ver con la “educación” y las “buenas maneras”. La cortesía comunicativa se basa en elementos lingüísticos para conseguir una comunicación eficaz en la relación entre emisores y receptores.

Por lo tanto, cuando hablamos en Pragmática de cortesía no nos referimos a las reglas sociales de comportamiento (limpiarse la boca con la servilleta en vez de hacerlo con la mano, dejar sentarse a una persona mayor en el autobús), sino que nos referimos a las elecciones que realizamos en el ámbito comunicativo.

El hablante quiere ser valorado positivamente (imagen positiva) y que no invadan su territorio (cortesía negativa). Además, también se preocupa de que su interlocutor se sienta apreciado y no sea tratado de forma negativa.

La cortesía supone un equilibrio en el empleo de los mecanismos comunicativos para conseguir lo que deseamos sin forzar en exceso al destinatario de nuestro mensaje. Hablar supone, pues, actuar sobre el interlocutor.

La utilidad de la cortesía comunicativa

Hablar es hacer y esto supone, a veces, entrar en el territorio del otro.

La cortesía sirve para combatir o anular las defensas que pueda tener nuestro interlocutor a entrar en su “territorio”. La descortesía intenta, por el contrario, levantar un muro para que no se invada o el territorio o atacar directamente al que se considera “enemigo”.

Cortesía ritual y cortesía estratégica

  • La cortesía ritual está fijada socialmente: los saludos, los agradecimientos, las felicitaciones, los cumplidos, etc.
  • La cortesía estratégica depende de la propia voluntad del hablante, que busca, la colaboración del interlocutor, su buena disposición a escucharle, a atenderle, a prepararle para posibles recriminaciones, etc.

El papel del emisor y del receptor en la teoría de la relevancia

Tanto el productor del enunciado como el receptor tienen un papel más activo que en la teoría de comunicación por descodificación.

En el caso del receptor, la misión del oyente es intentar:

  • Descubrir sus intenciones comunicativas e informativas.
  • Llegar a lo que el hablante ha querido comunicar.

Un hombre con cara de ladrillo pegaba puñetazos en cierta cosa
de color café que resultó ser un piano (E. Jardiel Poncela, Amar se escribe sin hache)

El lector no se limitará a descodificar, sino que intentará descubrir el significado irónico propuesto por el autor pero que no se ha trasmitido de forma explícita.

El entorno cognitivo compartido

Entornos cognitivos

Cuando dos personas se comunican, cada una intenta entender a la otra desde su entorno cognitivo y ambas crean un espacio común en el que existen ideas poseídas por ambos. Este espacio es el entorno cognitivo compartido.

Pero, como cada uno de nosotros posee un entorno cognitivo propio, la coincidencia entre ambos entornos cognitivos nunca es total, lo que da pie a los problemas en la co­municación. Estos fallos forman parte del sistema y, por ello, la comunicación es una cuestión de grado.

A: No haces nada nunca en casa ¡Eres un egoísta!
B: Sí, yo también te quiero

Lo que B quiere decir no es la suma del significado de las palabras que pronuncia. Entre lo que B ha dicho y lo que ha querido decir existe un diferencial de significado que el oyente tiene que recuperar. Para ello, es necesario que A active un tipo de razonamiento similar a este:

  • B ha dicho que me quiere.
  • Dado el desarrollo de la conversación, sé que esto no es lo que me quiere decir
  • Si B ha emitido un enunciado que no refleja lo que me quiere decir, puede ser porque me quiere comunicar algo más de lo que me ha dicho
  • Mi enunciado previo era un reproche También indica reciprocidad. La respuesta de B es un reproche bajo la forma de un halago

 

La importancia de la inferencia

Para la teoría de la relevancia, la pragmática es la teoría de la interpretación de los enunciados. En esta interpretación, la inferencia juega un papel esencial.

Entender un significado tiene dos aspectos:

  • Descodificación de los signos lingüísticos.
  • Inferencia, por la que se salta de lo dicho a lo implicado.

Si Grice dio el primer paso para la explicación de la comunicación humana como proceso de inferencia, Sperber y Wilson piensan que el principio explicativo de la relevancia puede ser considerado universal. Teniendo en cuenta este principio universal, el resto de máximas del principio de cooperación resultan superfluas.

El principio de relevancia, además, no admite ser seguido o violado, ya que se aplica a todos los actos de comunicación intencional.

Es importante señalar que hay inferencias lógicas e inferencias pragmáticas. Las inferencias lógicas funcionan por un mecanismo deductivo, mientras que las inferencias pragmáticas se establecen mediante las implicaturas.

Las inferencias y el contexto

La inferencia es un proceso de razonamiento deductivo (se parte de unas premisas para llegar a una conclusión). Lo interesante es cómo seleccionamos las premisas en nuestro trabajo interpretativo buscando la relevancia.

Veamos un ejemplo:

A. ¿Vas a comprar el diccionario?

B. Gasté todo el dinero que tenía.

Para interpretar la respuesta de B es necesario que A construya un contexto (basado en ciertos conocimientos y creencias) que es el que B esperaba que construyera:

  • Se necesita cierta cantidad de dinero para comprar un diccionario.
  • B no tiene dinero.
  • De estas premisas A saca la implicatura «B no va a comprar el diccionario».

El contexto constituido por las premisas es un subconjunto de las creencias y conocimientos de toda índole que probablemente posee A.

A solo selecciona el conjunto de conocimientos necesarios para interpretar lo que dice B.

La diferencia entre frase y enunciado

H. P. Grice aporta al estudio del lenguaje la distinción entre frase y enunciado.

  • La frase es un conjunto ordenado y coherente de palabras que no varía en función de las circunstancias en las que se ha pronunciado. La frase se caracteriza por su estructura sintáctica y por su valor semántico (esto es, por lo que «dice») y es producto de la significación de las palabras que la componen. Para Grice, el estudio de la frase corresponde a la lingüística.
  • El enunciado es el resultado de la enunciación de una frase (es decir, el acto de proferirla) y varía en función de las circunstancias en las que se pronuncia. El enunciado articula lo que el locutor quiere comunicar (que, frecuentemente, es más de lo que dice). Grice piensa que el estudio del enunciado es objeto de la pragmática y tiene que ver no con la significación, sino con el sentido. En definitiva, en la comunicación los locutores no intercambian frases, sino enunciados.

Esta distinción entre frase y enunciado sustentará uno de los desarrollos ulteriores de la pragmática: la pragmática cognitiva de Sperber y Wilson, para los que la pragmática es un conjunto de conocimientos y de capacidades para utilizar la lengua en una situación determinada.

La confianza en el interlocutor: el principio de cooperación

Los intercambios verbales tienden a funcionar mejor cuando los participantes siguen ciertas convenciones sociales. Para que la comunicación tenga efecto es necesario contar con la confianza en el interlocutor.

  • En circunstancias normales, cualquier desconocido va a prestarnos atención si le dirigimos la palabra, y probablemente va a contestarnos.
  • Además sabemos que nuestro interlocutor, conocido o desconocido, amigo o enemigo, va a tratar, por lo general, de entender lo que intentamos comunicarle.

Este acuerdo previo y tácito de colaboración en la comunicación es lo que Grice denominó “principio de cooperación” en 1967.

Veamos un ejemplo de Grice para explicarlo:

(A y B están hablando de C, un amigo común que trabaja en un banco)

A: ¿Qué tal le va a C en su trabajo?

B: Bien, creo; le gusta trabajar allí, y todavía no lo han metido en la cárcel.

Lo que B quiere decir (implica, sugiere) con sus palabras es diferente de lo que dice literalmente por medio del significado convencional de las palabras.

Este significado adicional, una implicatura de lo dicho, es que C es el tipo de persona al que le tienta demasiado el dinero.

 

El proceso de comunicación inferencial

Comentábamos al principio de curso que uno de los errores más comunes en el estudio de la comunicación es atribuir la elaboración y la comprensión de un enunciado a la mera asociación con un código. Si este proceso consistiese en que el productor de un texto lo codifica y el receptor lo descodifica, bastaría con el conocimiento del código para que la comunicación se realizase con éxito. Sin embargo, sabemos que hay otros elementos que influyen en el mecanismo comunicativo.  Por lo tanto, es necesario replantearse la concepción tradicional de la comunicación: lo codificado es solo una parte de lo comunicado.

Grice demostró que la comunicación no se limita a descodificar mensajes, sino que sigue un proceso inferencias. Para ello, es necesaria la existencia de implicaturas y de un contexto.

En un contexto determinado y a partir de un mismo enunciado casi todos llegamos a inferencias parecidas.

Pongamos algunos ejemplos para comprobarlo.

Lo dicho Contexto Lo comunicado
Tengo frío La ventanilla está bajada ‘Sube la ventanilla’
Tengo frío Funciona el aire acondicionado ‘Apaga el aire acondicionado’
Tengo frío Es invierno y no está puesta la calefacción ‘Pon la calefacción’
Lo dicho Lo comunicado
ANA: A estas horas la panadería está cerrada.

BEATRIZ: Acabo de ver pasar una señora con una barra

‘La panadería está abierta’
ANA: Tengo hambre.

BEATRIZ: Hay una pastelería en la esquina.

‘Cómprate algo en la pastelería’
ANA: ¿Tú crees que María tiene novio?

BEATRIZ: Últimamente no llama a las amigas.

‘María tiene novio’

La filosofía del lenguaje en el siglo XX

ludwinwittgenstein

Para hablar de las teorías de John L. Austin, empezaremos por delinear de forma breve algunas cuestiones importantes sobre la filosofía del lenguaje en el siglo XX.

Una parte muy significativa de la Filosofía del pasado siglo XX tuvo un fuerte componente lingüístico. Las dos grandes líneas de investigación fueron: el neopositivismo y la tendencia a estudiar el lenguaje como uso.

El neopositivismo

La característica básica de los filósofos neopositivistas es que intentaban que no interfirieran los valores semánticos en la investigación filosófica. Defendían un cientificismo basado en el empirismo de Hume como reacción a los planteamientos excesivamente metafísicos a los que estaba acostumbrada la filosofía de su época. Privando al lenguaje de los valores semánticos, intentaban reducir el lenguaje a su estructura lógica, que lo hacía más fácil de analizar desde un punto de vista lógico-matemático.

Los grandes precursores del Neopositivismo fueron Whitehead, Bertrand Russell y el Wittgenstein del Tractatus. En esta corriente neopositivista, podemos englobar a los integrantes del Círculo de Viena (Rudolf Carnap, Otto Neurath, Hans Hahn) y a los del Círculo de Berlín (Hans Reichenbach, Kurt Grelling, etc.).

El tránsito de Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein ha sido considerado como el motor de toda la filosofía del lenguaje del siglo XX en sus dos líneas principales, con una etapa de transición.

  • El “primer Wittgenstein” (Tractatus Logico-Philosophicus) afirmaba que el lenguaje ordinario era imperfecto para fines filosóficos, y propugnaba que fuera sustituido por otro perfecto (la lógica).
  • Su pensamiento irá inclinándose paulatinamente hacia el uso del lenguaje. Los Cuadernos azul y marrón supusieron una época de transición, donde surge su teoría de los “juegos del lenguaje”. Wittgenstein hace hincapié en que una palabra no adquiere una significación plena si no se tiene en cuenta su uso en un contexto.
  • El “segundo Wittgenstein” (Investigaciones filosóficas) defenderá que el auténtico valor del lenguaje se produce en su uso.

El lenguaje como uso

 

Está escrito: «En el principio era el Verbo«. Heme ya parado. ¿Quién me ayudará a proseguir? No; no debo dar tanta importancia al Verbo. Debo traducirlo de otra manera si me ayuda la inspiración. Está escrito: «En el principio era el Espíritu.» Reflexiona bien sobre esta primera línea y no dejes correr la pluma con precipitación. ¿Es el espíritu el que ha creado y el que lo ha puesto en orden todo? Debiera decir: «En el principio era la Fuerza.» Y, no obstante, algo me está diciendo interiormente que no debo darle esta interpretación. Por fin me siento iluminado y comienzo a ver con claridad; escribo resueltamente: «En el principio era la Acción

(Johann Wolfgang Goethe: Fausto)

Los dos grandes promotores de la noción del lenguaje como uso fueron Ludwig Wittgenstein, al que acabamos de ver, y John L. Austin, perteneciente a la “Escuela de Oxford”.

Si afirmamos que el valor auténtico del lenguaje es el uso que hacemos de él, estamos subordinando la semántica y la sintaxis a un elemento que está por encima de ellos: la pragmática.

Podemos resumir así las principales tesis de la teoría del lenguaje ordinario (o corriente):

  • Tratar los problemas filosóficos evitando la jerga especializada mediante un lenguaje comprensible.
  • Liberar a la filosofía de problemas artificiales planteados por sacar fuera de su uso y contexto al lenguaje ordinario.
  • No buscar en la filosofía los cálculos, sino poner en claro conceptos que ya poseen las palabras en su empleo normal.
  • Comprobar que el lenguaje ordinario atesora la experiencia secular de la humanidad.
  • Partir del lenguaje ordinario antes de utilizar el lenguaje técnico, ya que es aquel y no este el que es capaz auténticamente de solucionar los problemas.

La necesidad de la Pragmática

El contenido de este apartado ha sido modificado y replanteado el día 25 de enero de 2026. Tómese esta fecha para hacer citas y referencias.

La Pragmática es una disciplina ya totalmente consolidada en los planes de estudio de las universidades españolas, pero es relativamente «reciente». Lo que es un hecho es que resulta imprescindible para comprender cómo funciona de verdad el lenguaje en uso.

En lugar de centrarse solo en “lo que significan las expresiones», la Pragmática se pregunta por “lo que las personas hacen y entienden al usar estas expresiones” en situaciones concretas de comunicación. Por eso, aborda de manera sistemática algunos problemas que otras disciplinas lingüísticas no consiguen resolver del todo.

Las cuatro grandes preguntas

En su obra introductoria a la Pragmática, Victoria Escandell se planteaba cuatro interrogantes que afectaban a esta disciplina y que nosotros hemos adaptado de esta manera:

  1. ¿Cómo se relaciona lo que decimos literalmente con lo que realmente queremos comunicar en cada situación? Existe un desfase constante entre el significado literal de los enunciados y lo que realmente queremos comunicar en cada situación específica.
  2. ¿Por qué, a pesar de posibles ambigüedades, contenidos incompletos, sobreentendidos o ironías, somos capaces de comprendernos con tanta eficacia?
  3. ¿Qué parte de lo que interpretamos está codificada en las palabras y estructuras gramaticales, y qué parte debe ser inferida por el interlocutor? En muchas ocasiones, el que escucha o lee debe reconstruir o interpretar lo que dice el emisor.
  4. ¿De qué depende esa parte inferida: qué papel juegan el contexto, el conocimiento del mundo, las expectativas recíprocas y las intenciones de los hablantes?

Responder a estas cuestiones exige ir más allá del análisis puramente formal de la lengua e integrar información sobre quién habla, a quién, dónde, cuándo, para qué y con qué conocimientos compartidos.Naturalmente, la Pragmática no sustituye a las demás disciplinas lingüísticas, sino que dialoga con ellas. 

La Pragmática ante la indeterminación

Deixis y situación del habla

¡Tú, tú y tú, poneos de pie! No, tú no… tú.

Los pronombres no identifican por sí solos a los destinatarios. Para interpretar correctamente es imprescindible la escena comunicativa (señalamiento, disposición espacial, contacto visual). Aquí la deixis muestra que el significado depende de la situación, no solo del código.

Conocimiento del mundo y verosimilitud

Los huevos fritos deben cocinarse adecuadamente y, si hay niños pequeños y personas mayores en casa, es mejor que sean cocidos.

[Consejo dado por el gobierno británico durante un brote de salmonella].

Entendemos sin dificultad que lo recomendable es huevos cocidos para personas vulnerables. Nada en la gramática impediría, en abstracto, una lectura absurda (que las personas “sean cocidas”), pero la descartamos gracias a nuestro conocimiento extralingüísticosobre lo que ocurre en el mundo real.

Más allá de la Semántica: el sentido de lo que queremos comunicar

Juan ha tenido siete novias

El enunciado permite, en principio, dos lecturas: «al menos siete» o «exactamente siete». En el uso ordinario, tendemos a entender ‘exactamente siete’. No está codificado: lo inferimos guiados por expectativas de cantidad informativa y cooperación. Si el hablante supiera que el número es mayor, en condiciones normales lo diría; al no decirlo, implicamosque nueve es el número preciso. Esta implicatura conversacional completa el significado literal.

Síntesis: por qué la Pragmática es indispensable

  • Explica cómo entendemos más de lo que literalmente se dice.
  • Aclara por qué un mismo enunciado produce efectos distintos según el contexto.
  • Describe los procesos inferenciales que completan el significado.
  • Articula el vínculo entre lengua, cognición y vida social.
  • Aporta soluciones prácticas para la enseñanza de lenguas, la comunicación intercultural, el análisis del discurso y la interacción digital.

    En suma, la pragmática nos permite comprender no solo lo que dicen las palabras, sino lo que hacemos con ellas.

    Para saber más:

    • Alba‑Juez, L., & Mackenzie, J. L. (2019). Pragmatics: Cognition, Context and Culture. Cambridge Scholars Publishing.
    • Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática (3ª ed.). Barcelona: Ariel.
    • Félix‑Brasdefer, J. C. (2019). Pragmática del español: contexto, uso y variación. Routledge.
    • Huang, Y (2015). Pragmatics (2.ª ed.). Oxford: Oxford University Press.
    • Koike, D. A., & Félix‑Brasdefer, J. C. (Eds.). (2021). The Routledge handbook of Spanish pragmatics. Routledge.

    La Pragmática en la Semiótica de Morris

    El contenido de este apartado se ha mejorado el día 24 de enero de 2026.

    semióticamorris

     

    Charles Morris, en Foundations of the Theory of Signs (1938), propuso una concepción integradora de la semiótica entendida como el estudio general de los signos. Para describir este ámbito, distinguió tres dimensiones complementarias que permiten analizar el funcionamiento de cualquier sistema semiótico:

    • Sintaxis, relación de los signos entre sí.
    • Semántica, relación de los signos con aquello a lo que remiten (el referente).
    • Pragmática, relación de los signos con sus intérpretes (es decir, con sus usuarios)

    Esta triple división introduce una perspectiva funcional que va más allá del análisis de las unidades aisladas y atiende al modo en que los signos se articulan, significan e influyen en quienes los interpretan.

    Morris subrayó además que la pragmática debe considerar el papel del contexto, puesto que las condiciones situacionales y cognitivas determinan cómo los signos son comprendidos y utilizados.

    Conviene señalar que la sintaxis en sentido semiótico no coincide plenamente con la sintaxis en los estudios gramaticales. Mientras que la sintaxis gramatical se ocupa de las reglas que organizan las unidades lingüísticas dentro de una lengua concreta, la sintaxis semiótica de Morris es más amplia y estudia cualquier tipo de relación formal entre signos, sea cual sea el sistema en el que aparecen.

    La propuesta de Morris resulta especialmente relevante para la pragmática contemporánea, ya que establece el marco conceptual que permite comprender por qué el significado no depende únicamente de lo dicho, sino también de cómo se interpreta y en qué condiciones se produce el acto comunicativo.

    Competencia lingüística, competencia pragmática y competencia comunicativa

    Este apartado ha tenido una reconceptualización y ampliación el 6 de febrero de 2026. Téngase en cuenta esta fecha para citas y referencias.

    En el marco de la asignatura de Pragmática del Español, resulta fundamental situar correctamente tres conceptos que los estudiantes encuentran a lo largo del curso y que, con frecuencia, generan confusión: competencia lingüísticacompetencia pragmática y competencia comunicativa. Aunque la Pragmática se centra en el uso del lenguaje en contexto, su estudio no puede desligarse del conocimiento gramatical ni de la dimensión social de la comunicación. De hecho, una de las metas de esta asignatura es comprender cómo se articulan estos tres niveles para producir significado en situaciones reales.

    Este apartado ofrece una presentación clara y ordenada de estas competencias, explica sus diferencias y conexiones, y muestra por qué son esenciales para interpretar adecuadamente los fenómenos que estudiaremos a lo largo del semestre. De este modo, se puede relacionar la teoría pragmática con los usos efectivos de la lengua y con su propio desarrollo como hablantes competentes de español.

    Gráfico de intersecciones sobre las distintas competencias.

    competencias

    Competencia lingüística

    La competencia lingüística, concepto introducido por Noam Chomsky (1957) y desarrollado en su teoría de la gramática generativa, hace referencia al conocimiento del sistema formal de una lengua. De manera resumida, consiste en la capacidad para utilizar correctamente:

    • Los sonidos y patrones fonológicos.
    • Las formas y procesos morfológicos.
    • Las reglas sintácticas.
    • El vocabulario y el significado literal de las palabras.

    Una persona es competente lingüísticamente cuando se ajusta a las reglas fonéticas, morfológicas, sintácticas y léxicas de la lengua, esto es, cuando domina el “saber sobre la lengua”.

    Sin embargo, este conocimiento, aunque necesario, no es suficiente para garantizar una interacción exitosa: hablar correctamente no implica necesariamente hablar de manera adecuada o eficaz.

    Competencia pragmática

    La competencia pragmática representa el siguiente nivel y se centra en el uso adecuado de la lengua en función del contexto. No se trata solo de qué se dice y cómo se dice, sino de considerar también:

    • quién habla,
    • a quién se dirige,
    • para qué lo dice,
    • cuándodónde y en qué circunstancias ocurre la interacción.

    Ser competente pragmáticamente supone ajustar la producción lingüística a las normas socioculturales, a la relación entre los interlocutores y a la intención comunicativa. Este nivel explica por qué un enunciado gramaticalmente correcto puede resultar descortés, inapropiado o incluso ofensivo en determinados contextos.

    Ejemplo:

    Abre la ventana. → forma directa que puede sonar brusca si la situación no la justifica.

    ¿Podrías abrir la ventana? → petición cortés.

    Competencia comunicativa

    La competencia comunicativa, formulada por Dell Hymes (1971), amplía las dos anteriores. Para comunicarse de forma adecuada no basta con saber construir enunciados correctos ni con conocer las estrategias pragmáticas fundamentales; es preciso también comprender la dimensión social, cultural y conceptual en la que se produce la comunicación.

    Desde esta perspectiva, la competencia comunicativa implica:

    • Integrar el conocimiento lingüístico.
    • Aplicar la adecuación pragmática.
    • Gestionar estrategias discursivas, sociolingüísticas y comunicativas que permiten interactuar con éxito.

    Es, por tanto, la asimilación completa de la competencia lingüística y de la competencia pragmática, enriquecida con habilidades discursivas, estratégicas y socioculturales.

    Relación entre las tres competencias

    Aunque conceptualmente distinguibles, las tres competencias funcionan de forma integrada en la comunicación real:

    • La competencia lingüística proporciona los recursos formales.
    • La competencia pragmática orienta su uso adecuado según el contexto.
    • La competencia comunicativa articula ambos niveles dentro de una interacción coherente, eficaz y socialmente situada.

    Desde el punto de vista de esta asignatura, comprender esta integración permite a quienes estudian la lengua y la comunicación interpretar de manera crítica la relación entre forma, significado e intención, y entender cómo se construye realmente la comunicación humana.

    Bibliografía