La coma del vocativo. De una vez por todas

Como nos recuerda la OLE10 (la Ortografía de la lengua española de 2010):

“Se llama vocativo a la palabra o grupo de palabras que se refieren al interlocutor y se emplean para llamarlo o dirigirse a él de forma explícita”

Ejemplos:

¿Me escuchas, cariño?

¿Puede atenderme el jueves por la tarde, doctora Fernández?

Hola, Pedro.

Esta situación, queridas compañeras, no se puede mantener durante mucho más tiempo.

Sí, señor.

A sus órdenes, mi comandante.

¿Vas a venir al cine, Montse?

¿Montse, vas a venir al cine?

 

Hace unos días, escribí un tuit a raíz de un vocativo mal empleado en el diario El Mundo:

El error fue corregido al poco tiempo en la edición digital del diario (sin darme siquiera las gracias), pero es un ejemplo claro de que es necesario separar el vocativo por una coma. Obviamente, no es lo mismo «Esther, te toca» que «Esther te toca». Esto no es un capricho, sino una manifestación de algo evidente: como nos recuerda la OLE10, cuando una expresión nominal funciona como vocativo, se pronuncian como átona. En los ejemplos de esta obra, en «Puede irse, capitán Ochoa» se pronuncia [kapitanochóa] (adviértase que en esta obra no se hace una transcripción fonética pura, sino simplificada). Sin embargo, cuando decimos el capitán Ochoa la palabra capitán recupera su tonicidad: [elkapitán ochóa].

En otro lugar de la obra, se nos recuerda que la puntuación segmenta el discurso y ayuda a establecer claramente las funciones gramaticales y las relaciones sintácticas que existen entre ellos. Como en el ejemplo de Twitter, es clara la diferencia entre:

Eugenia escucha con atención.

Eugenia, escucha con atención.

 

Alberto escribe bien.

Alberto, escribe bien.

Por lo tanto, cuando nos dirigimos al interlocutor de forma explícita, es necesario poner una coma. La OLE10 lo afirma de manera tajante: «los vocativos se escriben siempre entre comas, incluso cuando los enunciados son muy breves».

Últimamente, parece que esa coma del vocativo ha desaparecido del mapa. Y no solo en contextos más coloquiales o cotidianos, sino en el mundo académico, tanto en correspondencia por correo electrónico (casi nunca un «Hola, compañero» sino *»Hola compañera) como en contextos escritos aún más formales. El vicio se ha extendido tanto que aparece ya incluso en escritos de corte institucional.

La ortografía es una convención que pertenece a una comunidad y es conveniente que, mientras la norma no cambie, las personas cultas la respeten.

Bibliografía:

Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe.

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