Lengua

Ímprobo y esfuerzo

Posted by on May 21, 2018 in Lengua, Lingüística

Últimamente, me ha dado por las palabras. Bueno, por las palabras me ha dado siempre, que son mi oficio, mi beneficio y mi devoción. Y, si no, que se lo digan al nombre de mis blogs, que se van por las aires o se fijan por escrito. Hoy habla de la palabra esfuerzoy sus acompañantes. Claro que nos esforzamos. Es cierto que alguna vez el esfuerzo es inútilo pequeño, pero nos gusta mucho que sea notable, considerable, gigantesco, ingente o tremendo. A veces, nos esforzamos tanto que el esfuerzo llega a ser titánico. Confieso mi admiración por el esfuerzo denodado.

Pero, sin lugar a dudas, la expresión ligada al esfuerzo que más me gusta es el ímprobo esfuerzo… y lo que ha cambiado su definición. En el DRAE de 1780 define ímprobo esfuerzocomo “Lo que cuesta gran trabajo, pero inútil, ó sin fruto”. Por lo tanto, nuestro ímprobo esfuerzo era baldío. No sé si a fuerza de esforzarnos o a fuerza de no resignarnos o a fuerza de convertir el agua en vino, los significados cambian y de inútil pasa a significar excesivo en el DRAE de 1817: “Se aplica al trabajo excesivo y continuado”… y continúa así hasta el DRAE de 2001, en el que un ímprobo esfuerzo se convierte en: “Intenso, realizado con enorme aplicación”.  Por lo tanto, todos los ímprobos esfuerzos han pasado de inútiles a excesivos, y de excesivos a intensos y aplicados. Será que nuestro esfuerzo lo merece.

Por cierto, que ímproboes algo carente de probidad. Pero ese ya es otro tema.

Imagen de Betsy Streeter.

(Esta entrada ha aparecido primero en mi blog VerbaVolant).

 

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No importan de dónde vienen las palabras – Los anglicismos en el español

Posted by on Abr 16, 2018 in Lengua, Lingüística

Ilan Stavans acaba de publicar un artículo muy interesante en The New York Times sobre los anglicismos en el español de Estados Unidos a propósito de la publicación reciente del Diccionario de anglicismos del español estadounidense, que figura en la bibliografía que remata esta entrada y a la que el profesor del Amherst College se enfrenta de forma crítica.

Como bien dice el profesor Stavans, esto de los extranjerismos en general y de los anglicismos en particular es un asunto que se trata con demasiada ligereza y, muy frecuentemente, desde un purismo muy mal entendido. En Estados Unidos, cada vez es más importante la presencia de una comunidad hispana que junta, asocia y mezcla el inglés con el español y el español con el inglés. Lo que en un principio puede parecer una mezcla dispar, no deja de ser una mezcla heteróclita. Sin más. Natural y ajustada a un contexto, a un momento y a una cultura. Solemos cerrarnos a la entrada de palabras extranjeras en una lengua, pero ignoramos la cantidad de palabras que utilizamos que, en su día, vinieron “de fuera” (o “de dentro”, pero de gente “de fuera”) y que hoy aceptamos con naturalidad.

Como dice Ilan Stavans, en un país como Estados Unidos, con cerca de 60 millones de latinos, ese contacto de lenguas no es ocasional, sino frecuente y corriente. El hecho indudable es que el español usado en Estados Unidos tiene unas peculiaridades que no solo han de ser estudiadas y reflejadas de forma académica, como ocurre con el diccionario que citamos de Francisco Moreno-Fernández, sino que se legitiman en lo más importante que tiene una lengua: su uso en una comunidad de hablantes. Adaptando una frase del profesor Stavans en el artículo, las lenguas no necesitan una nacionalidad para legitimarse. Como afirma Stavans, “En realidad, no importa de dónde vienen ni adónde van; lo que importa es que digan algo que la gente entienda”.

¿Dónde acaba esa influencia mutua entre español e inglés en Estados Unidos? No lo sabemos. Yo diría más: ni lo sabemos ni nos interesa. Lo auténticamente importante es la riqueza de una lengua viva que se usa entre las familias y en la calle. Las lenguas y sus cambios no son un indicio de decadencia, sino de vivacidad y de riqueza. Como dice Ilan Stavans: “Las palabras, como las personas, cambian y se trasladan de un lugar a otro sin importar los muros ni los diccionarios”.

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Cómo escribir el apartado de conclusiones en los trabajos académicos

Posted by on Abr 15, 2018 in Lengua, UBU

Es frecuente encontrarse con trabajos académicos (prácticas, trabajos, incluso algunos TFG o TFM) que no incorporan una conclusión o, si esta conclusión está presente, tiene una estructura y redacción deficientes. Aportamos aquí algunas ideas muy sencillas sobre las conclusiones en los trabajos académicos como orientación para los estudiantes.

El apartado de conclusiones es una de las partes más importantes de los trabajos académicos. Sin embargo, es frecuente que redactemos esta conclusiones de manera poco reflexiva, cuando ya estamos cansados de haber invertido mucho tiempo y dedicación a nuestro trabajo. Al final, escribimos de manera mecánica y rutinaria algunas líneas más como compromiso que auténticamente convencidos de su importancia. Sin embargo, un buen apartado final de reflexiones o conclusiones puede influir de manera muy positiva en la calificación de nuestro trabajo.

¿Qué elementos hay que incorporar en las conclusiones?

En general, podemos decir que en este apartado hemos sintetizar, redactadas de forma clara y sencilla, las ideas más importantes que hemos abordado en el trabajo, desde el planteamiento inicial hasta los resultados que hemos obtenido y la interpretación que puede derivarse de los mismos.

De forma más específica, hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Los aspectos más relevantes de nuestro trabajo.
  • La importancia que tienen para el conjunto de una asignatura, una materia, el trabajo que hemos realizado o una línea de investigación.
  • Los logros y aportaciones que hemos conseguido con el trabajo.
  • Los aspectos que creemos que pueden mejorarse o trabajarse con más profundidad.
  • Incluso, podemos incorporar sugerencias sobre posibles maneras de profundizar en estos aspectos en el futuro o alternativas en la metodología o en el contenido que puedan resultar intereantes o significativas.

De alguna manera, las conclusiones tienen que cerrar el círculo que hemos iniciado en la introducción y que hemos ido delineando en el cuerpo del trabajo a través de sus distintas partes. Es importante destacar que no se trata de repetir ideas o datos ya reflejados en el trabajo, sino de efectuar una reflexión final sobre los mismos.Tampoco se trata de un mero resumen del trabajo, sino de la síntesis que relaciona todos los elementos estudiados.

[Dos consejos finales: no hay que añadir en las conclusiones elementos nuevos que no hayan sido tratados en el trabajo y tampoco hay que incorporar bibliografía específica en este apartado].

Bibliografía recomendada:

  • González García, J. M., León Mejía, A., & Peñalba, M. (2014). Cómo escribir un trabajo fin de grado : algunas experiencias y consejos prácticos. Madrid: Síntesis [para los alumnos de la UBU, está disponible en formato de libro electrónico bajo préstamo en este enlace].
  • González García, J. M., León Mejía, A., & Peñalba, M. (2016). Cómo escribir y publicar un artículo científico. Madrid: Síntesis [para los alumnos de la UBU, está disponible en formato de libro electrónico bajo préstamo en este enlace].
  • Regueiro Rodríguez, M. L., & Sáez Rivera, D. M. (2013). El español académico. Guía práctica para la elaboración de textos académicos. Madrid: Arco Libros.

 

 

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¿Hará España un papelón este año en Eurovisión? Sobre unas palabras de Edurne

Posted by on Mar 20, 2018 in Lengua

Estaña y Eurovisión son dos términos especialmente peligrosos si se ponen juntos. Las experiencias vividas por todos los eurofans de nuestro país en los últimos tiempos (ya unos cuantos años) están frecuentemente sembradas de esperanza, pero acaban en el choque ineludible y contundente de una clasificación adversa. Pese a que seamos multitud los que no seguimos con fervor este concurso de canciones y países en el que la polémica es frecuente, viviríamos en otro país y en otro mundo si no conociésemos algunos pormenores del devenir de nuestros cantantes.

Este año, después de que cantase el gallo en la última edición (basta poner “Manuel Navarro en Google para que le acompañe este lapsus vocal en el resultado de la búsqueda), parece que España está ilusionada con Amaia y Alfred y su canción (algo empalagosa, a mi modo de ver). Y España entera está con ganas de superar trabas y barreras y lograr una buena clasificación.

En este contexto, aparecen unas declaraciones de Edurne, nuestra representante en 2015 y que ocupó puestos de cola: “Creo que van a hacer un papelón”.

Tengo a Edurne por una persona discreta, educada y bienintencionada, por lo que me extrañó mucho leer este titular, así que leo la noticia entera. Todo en sus declaraciones son elementos optimistas y piropos para la pareja y su canción: “me encantan”, “tienen magia”, “tienen talentazo”, “la canción es preciosa”. Nada pues, de rencor ni envidias, ni malas palabras. Edurne está segura de que participar en Eurovisión es una ocasión de goce y disfrute en una experiencia difícil de olvidar. Esto último se supone también afirmado en el plano positivo, imagino.

Edurne no dice lo que el titular dice que dice (sí, ya sé que esto es un lío). Lo que afirma Edurne es:

“Estoy segura de que van a hacer un papelón increíble”

Así que tenemos que acudir aquí, de forma inevitable, a la palabra papelón y realizar un breve análisis del término. De forma muy sencilla y breve, no es necesario conocer de manera muy profunda nuestra lengua puede deducir que la palabra papelón está compuesta por papel y un morfema derivativo. Este morfema, a veces, tiene carácter aumentativo. Así, un muchacho guapetón sabemos que es muy guapo, del mismo modo que, si es muy simpático, diremos que es simpaticón. Y así lo concibe, al parecer, Edurne. Por eso, afirma que Amaia y Alfred van a hacer un gran papel. Lo que pasa es que, en español, el sufijo –on tiene muchos otros matices (que no cabe analizar aquí). Pero resulta que, en la palabra papelón, no hay nada de aumentativo, como piensa Edurne. El Diccionario de la Lengua Española define papelón en su cuarta acepción –que es la que viene al caso– como “Actuación deslucida o ridícula de alguien”.

Partimos, por supuesto, de que una comunidad de hablantes (o un hablante particular) puede dar el sentido que quiera a una palabra. Una palabra, a través del uso, puede cambiar de significado y puede emplearse con sentidos diferentes. Pero un hablante tiene que conocer también el significado y el sentido que se otorga a una palabra en el conjunto de sus hablantes.

Y, obviamente, hablar de cantantes, eurovisiones y papelones no es lo más adecuado. Lo tenemos que reconocer, a la espera de que Amaia y Alfred hagan un grandísimo papel y que el orgullo patrio brille por esta España que vive cantando… o que vive cuando cantan y ganan sus representantes.

Imagen de Juan Haro Rodríguez.

Esta entrada, publicada primero en ScriptaManent, aparecerá también en mi blog personal, VerbaVolant.

 

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No tienes que verlo para saber que tienes que verlo – El museo del Louvre

Posted by on Mar 18, 2018 in Lengua, Publicidad, Retórica

La publicidad es un tipo de discurso persuasivo en el que es muy frecuente que se omitan elementos. No es necesario que haya una argumentación completa para que esta llegue al receptor de manera exitosa y eficaz. Esto, que ocurre de modo general en toda la comunicación publicitaria, se consigue plasmar de manera muy inteligente en la campaña realizada por Miami Ad School, una agencia alemana, para el Museo del Louvre.

El lema de la campaña es You don’t have to see it, to know you have to see it (No tienes que verlo para saber que tienes que verlo. Se trata de una bonita paradoja que evidencia que las obras que pueden apreciarse en el Louvre son sobradamente conocidas por el público, por lo que no necesitan ser mostradas más que de forma pixelada en las imágenes de la campaña. Por lo tanto, la campaña se basa en lo que no muestra y todos comprenden: No tienes que verlo [aquí] para verlo [en el Louvre]. Desde el punto de vista cognitivo, entendemos lo que no está por lo que está. O, lo que es lo mismo, es mucho mejor ver la auténtica realidad de lo que ya conocemos que ver una imagen. Sería la elevación por sublimación del Ceci n’est pas un pipe de Magritte (o, visto de una manera más crítica, su reducción al absurdo).

Para juzgar si este reconocimiento es completo por parte de todos los receptores, dejo, además de la Mona Lisa que encabeza la entrada, las imágenes del Juramento de los Horacios,  La Libertad guiando al pueblo y La balsa de la Medusa. Basta con que pinchéis sobre cada imagen.

 

La información sobre esta campaña me llegó a través de la web Ads of the World.

Esta entrada, publicada primero en ScriptaManent, aparecerá también en mi blog personal, VerbaVolant.

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Porcentajes e interpretaciones en la prensa escrita. A propósito de un titular sobre la Universidad de Burgos

Posted by on Mar 14, 2018 in Lengua, Periodismo

Esta mañana, me ha llamado la atención un titular del Diario de Burgos en su edición impresa. Aparecía ya como avance en portada:

La UBU atrae solo a 25 extranjeros de 800 docentes e investigadores en plantilla.

Desde luego, no es en dato halagüeño: el adverbio solo nos señala un dato del que se desprende un porcentaje bastante negativo. Las universidades deberían ser instituciones en las que se premia la excelencia y que deberían atraer a los mejores profesionales, sean de donde sean. Porque de ese solo también deducimos que es un número pequeño y que, para que las cosas funcionen mejor, tendría que haber muchos más. No es que los mejores sean los docentes e investigadores extranjeros, sino que es más fácil encontrar a los mejores si, en vez de sumar un personal de procedencia únicamente española, sumamos a los interesados de otras nacionalidades.

En la página seis, aparece ya la noticia desarrollada. Veamos el titular:

Se repite el titular del avance en portada, pero se añade una información que la precisa:

Suponen un 3 % del total, un punto por encima de la media nacional.

[Ccorrijo el original, ya que entre el número y el símbolo del porcentaje hay que dejar un espacio fino: OLE10, p. 590]

Creo que no hay un planteamiento correcto a la hora de redactar ese titular. Si leemos este titular por sí solo, interpretamos que la UBU tiene a muy pocos docentes e investigadores extranjeros. Este hecho, siendo cierto, conduce a contrastar esa escasez  en la Universidad de Burgos  con un número supuestamente mayor en otro sitio (el lector está empujado, por la teoría pragmática de la relevancia, a pensar que en otras universidades españolas). El dato añadido “un punto por encima de la media nacional” hace que el lector pueda sentirse extrañado, dado que un titular más optimista y realista (aunque, ciertamente, no un consuelo para la salud de nuestra querida institución), sería (por muy triste que sea el dato en sí):

“La UBU cuenta con más docentes e investigadores extranjeros que la media de las universidades españolas”.

O, en todo caso, un titular realista y negativo para todos:

“Las universidades españolas atraen solo al 2 % de docentes e investigadores extranjeros”.

O, también, uno negativo más general:

“Las universidades españolas cuentan con muchos menos investigadores y docentes extranjeros que las universidades europeas”.

Insisto: el dato puede ser negativo, pero no lo es para la UBU en su justa comparación con el resto de universidades: el dato particular no puede emborronar el aserto general, que es el válido en este caso.

El desarrollo de la noticia explica muy bien a qué se debe esta circunstancia en todas las universidades españolas, pero eso ya es una cuestión de política educativa universitaria y no una cuestión comunicativa. El sistema de acceso a la docencia universitaria en España cuenta con un sistema de acreditación que no facilita nada las cosas para la incorporación de personal extranjero… y tampoco para una sana promoción de los investigadores y jóvenes promesas españolas. En efecto, nuestro país cuenta con un pésimo sistema de acceso a la función docente, que invade nuestros centros superiores de trabajadores precarios en forma de una figura de profesorado asociado perversamente entendida. De eso (quizás) tendremos que hablar otro día.

Un pequeño apunte para acabar: la redactora del Diario de Burgos escribe con gran corrección el adverbio solo. Para aquellos persistentes que defienden a ultranza el uso de solo como adverbio con tilde, les recomiendo la lectura atenta del artículo de Salvador Gutiérrez Ordóñez “Sobre la tilde en solo y en los demostrativos”, aparecido 2016 en el BRAE. De esto, con toda seguridad, hablaremos otro día.

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