¿Por qué la Pragmática?

Cuando uso una palabra, esa palabra significa exactamente lo que yo decido que signifique…, ni más ni menos.

(Lewis Carroll, Alicia en el  país de las maravillas)

Como hemos visto en otro lugar, suele darse por sentado que las lenguas son códigos y que el proceso de producción e interpretación de los enunciados obedece, respectivamente, a la codificación y la descodificación. Pero, como observa Victoria Escandell, esta es una simplificación de una realidad mucho más compleja.

La experiencia nos dice que las palabras pueden tener un valor muy distinto al que tienen en el sistema.

Por esa razón, en muchas ocasiones lo que decimos y lo que queremos decir son cosas buen diferentes. Y, obviamente, tiene que haber algún mecanismo teórico para poder entender esta paradójica circunstancia.

Ahora sabemos, gracias a la Pragmática, que las circunstancias de enunciación mediatizan de forma poderosa el auténtico significado. También, por supuesto, el conocimiento compartido del mundo que tienen los interlocutores.

Por otro lado, también parece elemental que puede existir una  distancia entre el significado literal y las intenciones del que habla. Y aquí entran en juego la inferencia.

Y ya por último, comprender un enunciado no tiene que ver solamente con el significado, sino con los objetos o situaciones a los que se refieren. Estos objetos y situaciones solo pueden interpretarse de forma correcta en el seno de una situación comunicativa concreta y del conocimiento del emisor y el destinatario.

Nociones básicas: interlocutores, contexto, situación, conocimiento del mundo, intención comunicativa, inferencia.

Escandell Vidal, M. V. (2013). Introducción a la pragmática (3ª ed.). Barcelona: Ariel.

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